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¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD?



¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD?

 Educar es ayudar a la persona a alcanzar la capacidad de ser independiente, de valerse por sí misma, de tomar decisiones, de hacer uso de la libertad desde el conocimiento de sus posibilidades, y esto no se improvisa: es un proceso largo y costoso, que se inicia en la familia y tiene su continuidad en la escuela y otros ambientes sociales.

La responsabilidad es la capacidad de asumir las consecuencias de las acciones y decisiones buscando el bien propio junto al de los demás.

Los niños deben aprender a aceptar las consecuencias de lo que hacen, piensan o deciden. Nadie nace responsable. La responsabilidad se va adquiriendo, por imitación del adulto y por la aprobación social, que le sirve de refuerzo.

El niño siente satisfacción cuando actúa responsablemente y recibe aprobación social, que a su vez favorece su autoestima.

Educar en la responsabilidad no es tarea fácil. Se consigue solo mediante el esfuerzo diario de padres y educadores, pero la recompensa de grande: educar adultos responsables.

No es fácil saber qué se puede exigir a un niño o hasta dónde es capaz de actuar de un modo responsable y adecuado a su edad pero, teniendo en cuenta las distintas etapas de su desarrollo, podemos señalar los siguientes niveles de capacidad:

Entre dos y tres años

Puede hacer algunas tareas bajo el control del adulto. Todavía no comprende lo que hace bien o mal y obra de acuerdo a mandatos y prohibiciones porque no posee autocontrol. Colabora con el adulto en ordenar y guardar sus zapatillas, su pijama, regar las flores y hacer algunas tareas concretas como poner y recoger las servilletas, etc.

Entre tres y cuatro años

Observa la conducta del adulto y la imita. Actúa en función del premio o el castigo. Ya va siendo capaz de controlarse y de tener orden en sus cosas. Colabora en guardar juguetes y los debe recoger. Puede poner algunas cosas fáciles en la mesa como el plato y los cubiertos, etc. Se desnuda solo y se viste con ayuda. Aprende a compartir las cosas y a esperar su turno. Muestra interés creciente por jugar con otros niños.

Entre cuatro y cinco años

Sigue observando e imitando al adulto. Necesita que le guíen pero tiene deseos de agradar y servir y por eso suele tener iniciativas responsables como vestirse, recoger sus juguetes, controlarse en un espectáculo, etc. Ya puede dársele alguna responsabilidad: poner la mesa, ocuparse de algún recado dentro del entorno familiar. Puede cuidar a hermanos pequeños durante algún rato, estando un adulto cerca. Debe dejar ordenados los objetos que usa. Es bastante autónomo en la comida y en su cuidado personal se calza, se lava y va al baño solo. Acepta los turnos en el juego, aunque no siempre los respeta. Suele asociarse con dos o tres niños para jugar y entabla las primeras amistades.

Entre cinco y seis años

Ya ha aprendido bastantes conductas y, aunque necesita que la persona adulta le diga lo que debe o no debe hacer, conviene presentarle dos opciones, para que elija. Puede ser responsable de tareas domésticas sencillas: limpiar el polvo, recoger la mesa, preparar su ropa para vestirse, buscar lo que necesita para una actividad concreta. No hay que olvidar que el niño sigue imitando y que es exigente en la aplicación de la norma para todos. Le agrada ayudar y cumplir encargos y recados sin cruzar la calle o pasar por lugares peligrosos. Juega en grupos de tres o más y sigue reglas sencillas. Intenta ser autónomo y puede rebelarse frente a las presiones de los adultos en asuntos como disciplina, autoridad y normas sociales. A partir de los cinco años comienza a despertar la intencionalidad, asimila algunas normas y se comporta de acuerdo con ellas.

Entre seis y siete años

Con control y ayuda para evitar descuidos involuntarios, puede y debe prepararse los materiales para realizar una actividad. Comienza a ser capaz de controlarse en desplazamientos muy conocidos y próximos tales como el colegio, la casa de amigos que vivan en el mismo bloque de viviendas, casa de algunos familiares, etc.

Puede disponer de algún dinero semanal y aprender a administrarlo, sabiendo que, si lo gasta, deberá esperar a la semana siguiente para recibir una nueva paga. Todavía se guía por las normas y hábitos del adulto: identifica el bien con lo mandado y el mal con la prohibido o lo que enfada al adulto. Cumple las órdenes al pie de la letra, generalmente hasta los ocho años. Puede controlar sus gastos con más facilidad. Tiende a formar grupos de relación con compañeros del mismo sexo. Aprende costumbres sociales relacionadas con el saludo, la despedida, el agradecimiento, etc. Actúa de forma responsable si se le ofrecen oportunidades para ello. Tiene el deseo de ser bueno y, si no lo es, culpa a los demás o a las circunstancias porque no soporta que le consideren malo.

Va adquiriendo la noción de justicia y comprende las normas morales mediante ejemplos concretos.

A los ocho años

Comienza a adquirir autonomía personal y puede controlar sus impulsos, en función de sus intenciones. Es capaz de organizarse en la distribución del tiempo, del dinero y de los juegos. Todavía precisa alguna supervisión. Pueden dársele responsabilidades diarias: preparar el desayuno, bañarse, acudir solo al colegio, etc.

Empieza a distinguir la voluntad del adulto de la norma y es consecuente en su conducta. Sabe cuándo y cómo debe obrar en situaciones habituales de su vida. La actuación de las personas adultas es decisiva, dado que si persiste una presión autoritaria el niño se hace dependiente, sumiso y falto de iniciativa. Si, por el contrario, se obra de forma permisiva, el niño se convertirá en una persona caprichosa e irresponsable. Así pues, se hace imprescindible una actitud que favorezca la iniciativa y mantenga la exigencia. Le atrae el juego colectivo y coopera en grupo.

Es capaz de prever las consecuencias de sus actos.

Entre nueve y once años

Ya es bastante autónomo en sus intenciones y, por lo tanto, en su responsabilidad. Suele tener una organización propia para sus materiales, ropas, ahorros... Puede encargarse de alguna tarea doméstica y debe realizarla con responsabilidad y cierta corrección. Le gusta que se le recompense por la tarea que se le encomienda.

Aunque aparezcan rasgos de dependencia, le gusta tomar decisiones y oponerse al adulto con cierta rigidez. Es capaz de elegir con criterios personales. Se hace estricto, exigente y riguroso.

Se identifica con su grupo de amigos en el que cada uno tiene una función asignada y se acata lo que dicta el jefe de la pandilla.

Reconoce lo que hace mal, pero siempre busca excusas, aunque para los demás suele ser muy estricto. Le gusta que le dejen decidir por sí mismo y tiene necesidad de afianzar su yo frente a los demás, de ahí su resistencia a obedecer y su afán de mandar a otros niños menores. Conoce sus posibilidades, decide y reflexiona antes de obrar, aprende de las consecuencias y se siente atraído por los valores morales de justicia, igualdad, sinceridad, bondad, etc.

Entre once y doce años

La influencia de los amigos comienza a ser decisiva y su conducta estará influenciada en gran parte por el comportamiento que observa en sus amigos y amigas o compañeros de clase. Los hermanos y hermanas mayores tienen más influencia sobre ellos que los padres. Aparece una etapa en la que la crítica suele ser muy frecuente y dirigida hacia sus padres y profesores; no le gusta que le traten de un modo autoritario, como a un niño; reclama autonomía en todas sus decisiones.

Necesita tener amigos y depositar en ellos su confianza; es leal al grupo y su moral es la de sus iguales, a los que imita en la forma de vestir, en los juegos, las aficiones, etc. Quiere ser como los mayores. Tiene sentido de responsabilidad, trata de cumplir sus obligaciones y se hace más flexible en sus juicios. Su comportamiento es mejor fuera del entorno familiar. Tiene capacidad para valorar lo bueno o malo de sus acciones, puede pensar en las consecuencias, conoce con bastante objetividad sus intenciones y desea obrar por propia iniciativa, aunque se equivoque.

La responsabilidad se adquiere y desarrolla progresivamente, por etapas. El desarrollo de la capacidad de actuar de forma responsable depende de cada persona y del contexto o ambiente que la rodea (familia, escuela, barrio, etc). Por todo ello, existen ritmos distintos en cada persona. Así pues, será difícil encontrar niños y niñas que, con los mismos años, manifiesten el mismo grado de responsabilidad: cada niño o niña desarrolla más unos aspectos y otros menos. Por lo tanto, estas fases que hemos descrito no deben entenderse de forma estricta o cerrada sino como una referencia.

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Recursos para aprender a conjugar verbos..

Para ver más grande, pincha encima...



Juegos, aplicaciones para móviles y conjugadores automáticos son recursos útiles para que los niños aprendan a conjugar verbos


Aprender a conjugar verbos es como aprender las tablas de multiplicar. Requiere tiempo y práctica. Los verbos son la base del lenguaje oral y escrito. Nunca se dejan de utilizar y, por ello, hay que estudiarlos de manera correcta. Para conseguirlo, además del aprendizaje en las aulas, los estudiantes pueden reforzar en casa el dominio verbal. Juegos, aplicaciones para móvil y conjugadores automáticos de verbos ayudan en esta tarea.

Juegos y blogs para aprender a conjugar verbos

Aprender jugando es una manera divertida de aprender, ya que se adquieren conocimientos casi sin pensarlo y los niños no lo interpretan como una obligación. Cuando se trata de aprender a conjugar verbos, las propuestas son variadas. Los juegos, en este caso, pueden emplearse en casa como sistema de autoevaluación.

Pasapalabra. Este juego imita a un conocido programa de televisión del mismo nombre. En un rosco donde figuran todas las letras del abecedario, los jugadores han de clicar en la pestaña "PasaPalabra" y responder a la pregunta planteada. Con cada letra, se pregunta por una forma verbal y un verbo que comienza con esa inicial. Si el alumno se equivoca, puede probar de nuevo hasta acertar.

Los verbos. Se combinan varios modos de practicar la conjugación de verbos. El primero de ellos pide a los jugadores que destaquen cuál es el verbo en diferentes enunciados; el segundo propone un verbo conjugado y los niños han de seleccionar la conjugación y el tiempo verbal adecuados, siempre en modo indicativo; el tercero añade al anterior los modos subjuntivos, imperativo y formas no personales; y en el cuarto hay que señalar de nuevo todos los verbos, en este caso, de un texto.

Sopa de letras. Como cualquier otro juego similar, en este caso, hay que encontrar varias formas verbales y resaltarlas mientras se arrastra el ratón sobre cada palabra.

La conjugación regular. En varios niveles, los jugadores han de completar los huecos vacíos de frases con las conjugaciones adecuadas tanto en sus formas simples (infinitivo, participio y gerundio) como compuestas. Se repite esta técnica con las tres conjugaciones y los resultados e intentos de cada ejercicio se recogen en una ficha.

Formas verbales. Esta propuesta se plantea como un crucigrama en el que los jugadores han de escribir el verbo en la persona, número y tiempos del indicativo solicitados. Si no se conoce la respuesta, se puede pasar al siguiente verbo y regresar al anterior en cualquier momento.

Conjugación verbal. Este juego requiere agrupar los verbos según un mismo criterio, que coincide con un mismo tiempo verbal.

Los blogs educativos recopilan información de interés para los alumnos. En su mayoría, están desarrollados por profesores, que publican material de interés y muy útil para que los alumnos repasen lo aprendido en el aula y resuelvan dudas.

Gurelekua. De manera sencilla, se explican los diferentes aspectos en los que fijarse para conjugar un verbo, la importancia de la persona, las diferencias entre formas perfectas e imperfectas, los tiempos, los modos indicativo, subjuntivo e imperativo, los verbos regulares e irregulares y la voz activa y pasiva.

Aplicaciones de móvil para conjugar verbos

Las apps educativas son cada vez más numerosas. Su accesibilidad tanto en smartphones como en tabletas, así como la familiaridad de los estudiantes con estos dispositivos, facilita que se desarrollen aplicaciones para las tareas más frecuentes. Es así como se ha creado también software educativo para móvil con el fin de aprender a conjugar verbos y otro más pensado para estudiantes de español o turistas.

VerbForms. Esta app, disponible para iPhone, iPod touch e iPad, contiene hasta 7.000 verbos, permite crear listas, realizar ejercicios y almacenar los fallos cometidos para repasarlos. Si se quiere repasar un verbo o conjugación concretos, es posible programar los ejercicios para insistir en los aspectos de interés. Distingue las formas regulares y los cambios ortográficos, además de contener acceso a diccionarios on line para resolver dudas.

Conjugador de verbos. Esta aplicación para móviles Android es gratuita. Conjuga verbos regulares, irregulares y reflexivos, según las normas de la Real Academia Española. Enseña a conjugar y técnicas para recordar los verbos.

Spanish verbs. Esta enfocada para los estudiantes de español. Es gratuita y su función es "navegar y buscar las conjugaciones de los verbos españoles más comunes". Para utilizarla, no es necesario estar conectado a la Red y tiene una sección de gramática.

Conjugadores de verbos automáticos

Este recurso es útil para conocer la conjugación completa de un verbo. Son útiles para resolver cualquier duda, ya que basta teclear el verbo que se quiere conocer y, de manera automática, aparecen en pantalla todas las formas verbales.

Real Academia Española. Cuando se busca el significado de un verbo en la web, a la izquierda del nombre se destaca siempre una pestaña azul con la palabra "conjugar". Si se clica, se despliega el listado completo del verbo conjugado, en las formas no personales, indicativo, subjuntivo e imperativo.

Onoma. Este conjugador tiene el mismo funcionamiento que el anterior. Basta teclear el verbo en el buscador. No obstante, en este caso, no siempre conjuga el verbo que se solicita, sino que ofrece como alternativa un verbo que se conjuga igual.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes recopila un listado de conjugadores automáticos para ayudar en la tarea de localizar el que mejor se adapte a los intereses de cada persona.




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MODALIDADES Y ESTRATEGIAS DE LECTURA



ANTES DE LEER: Las actividades previas a la lectura se orientan a:

* Permitir que los niños expliquen e incrementen sus conocimientos y experiencias previas relativas al tema del texto que se leerá.

* Conocer el vocabulario o los conceptos indispensables para comprender el texto.

* Estimular la realización de predicciones sobre el contenido del texto.

* Establecer propósitos de lectura.

AL LEER: Las modalidades de la lectura son formas de interacción con el texto; no son las únicas posibles, pero tienen varias ventajas con respecto a otras: hacen más variada e interesante la lectura y propician distintos tipos de participación y diferentes estrategias de lectura.

DESPUÉS DE LEER: Las actividades posteriores a la lectura se enfocan a la comprensión, la reconstrucción o el análisis de los significados del texto:

*comprensión global (tema del texto);

*comprensión específica de fragmentos;

*comprensión literal (lo que el texto dice);

*elaboración de inferencias;

*reconstrucción del contenido con base en la escritura y el lenguaje del texto;

*formulación de opiniones sobre lo leído; expresión de experiencias y emociones personales relacionadas con el contenido;

*y relación o aplicación de las ideas leídas a la vida propia (generalizaciones).

MODALIDADES DE LA LECTURA

AUDICIÓN DE LECTURA

Al seguir en sus libros la lectura realizada por el docente u otros lectores competentes, los niños descubren la relación entre la lectura y el contenido que se expresa, así como las características del sistema de escritura y del lenguaje escrito que dan pie a la entonación durante la lectura en voz alta.

LECTURA GUIADA

Tiene como fin enseñar a los alumnos a formularse preguntas sobre el texto. Primero, el docente elabora y plantea preguntas para guiar a los alumnos en la construcción de significados, estas preguntas son de distinto tipo y conducen a los niños a aplicar diversas estrategias de lectura: predicción, anticipación, muestreo, inferencia, monitoreo, confirmación y autocorrección. Las estrategias se desarrollan individualmente o como resultado de la interacción del grupo con el texto.

LECTURA COMPARTIDA

También brinda a los niños la oportunidad de aprender a cuestionar el texto, pero, a diferencia de la modalidad anterior, se trabaja en equipos. En cada equipo, un niño guía la lectura de sus compañeros. Al principio, los guías aplican preguntas proporcionadas por el maestro, y más adelante ellos mismos las elaboran. El equipo comenta la información del texto y verifica si las preguntas y respuestas corresponden o se derivan de él.

LECTURA COMENTADA

Los niños forman equipos y por turnos leen y formulan comentarios en forma espontánea durante y después de la lectura. Pueden descubrir así nueva información cuando escuchan los comentarios y citas del texto que realizan sus compañeros.

LECTURA INDEPENDIENTE

En esta modalidad, los niños, de acuerdo a sus propósitos personales, seleccionan y leen libremente los textos.

LECTURA EN EPISODIOS

Se realiza en diversos momentos como resultado de la división de un texto largo en varias partes. Tiene como finalidad promover el interés del lector mediante la creación del suspenso. Facilita el tratamiento de textos extensos, propicia el recuerdo y la formulación de predicciones a partir de lo leído en un episodio con respecto a lo que se leerá en el siguiente.

ESTRATEGIAS DE LECTURA

MUESTREO El lector toma del texto palabras, imágenes o ideas que funcionan como índices para predecir el contenido.

PREDICCIÓN El conocimiento que el lector tiene sobre el mundo le permite predecir el final de una historia, la lógica de una explicación, la continuación de una carta, etc.

ANTICIPACIÓN Aunque el lector no se lo proponga, mientras lee, va haciendo anticipaciones, que pueden ser léxico-semánticas, es decir, anticipan algún significado relacionado con el tema; o sintácticas donde se anticipa alguna palabra o una categoría sintáctica como un verbo, sustantivo, etc. Las anticipaciones serán más pertinentes mientras más información tenga el lector sobre los conceptos relativos a los temas, al vocabulario y a la estructura del lenguaje del texto que lee.

CONFIRMACIÓN Y AUTOCORRECCIÓN Las predicciones y anticipaciones que hace un lector generalmente son acertadas y coinciden con lo que aparece realmente en el texto, es decir, el lector las confirma al leer. Sin embargo, hay ocasiones en que la lectura muestra que la predicción o anticipación fue incorrecta, entonces el lector la rectifica o corrige.

INFERENCIA Es la posibilidad de derivar o deducir información que no aparece explícitamente en el texto. Consiste también en unir o relacionar ideas expresadas en los párrafos y evaluar lo leído. Otras formas de inferencia cumplen las funciones de dar sentido adecuado a las palabras y frases ambiguas (que tienen más de un significado) y de contar con un marco amplio para la interpretación.

MONITOREO También conocida como meta-comprensión, consiste en evaluar la propia comprensión que se va alcanzando durante la lectura, lo que conduce a detenerse y volver a leer o a continuar encontrado las relaciones de ideas necesarias para la creación de significados.


Texto extraído del Instrumento de Evaluación Integral, zona escolar 33 de Tijuana, Baja California.

Parece ser que el original pertenece a Margarita Gómez Palacio La lectura como un proceso de comprensión vs la lectura como método de decodificación

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La risa influye en el rendimiento escolar



Los profesores que integran el humor en el aula llegan mejor a los alumnos, que se sienten más motivados y capaces para superar las dificultades

Libros, deberes, estudio... y risa. El humor en el aula es una herramienta que se debe tener en cuenta en el momento de enseñar. Reírnos genera un bienestar físico y emocional, potencia la motivación y las ganas de aprender. Los efectos de la risa en el aula ayudan a mejorar el rendimiento académico. No es cuestión de caer en la carcajada sin más, sino en el refuerzo positivo de los alumnos más jóvenes para crear en ellos unos hábitos de estudio que se prolonguen en la etapa adulta. En este artículo se explica cómo.

Efectos de la risa en clase

La risa potencia las actitudes positivas. Cuando reímos se liberan endorfinas que proporcionan una sensación de bienestar. Pero el simple hecho de sonreír ayuda a esa mejoría. De ahí que la risa se emplee para eliminar tensiones e, incluso, para aliviar el dolor. En el aula, es un instrumento para mejorar el rendimiento académico de los estudiantes

Al reírse, los alumnos se sienten motivados, con ganas de adquirir conocimientos, estimulados para el aprendizaje. Están receptivos y se favorece el estudio. Se calcula que los niños ríen unas 300 veces al día -los adultos, menos de 30-. Aprovechar estos momentos para facilitarles el gusto por los libros resulta sin duda muy beneficioso.

A su vez, la alegría que se crea en el aula refuerza las relaciones entre los estudiantes y el vínculo con el profesorado. Reír juntos une y aumenta la confianza entre quienes comparten ese momento. La pedagoga y psicóloga Celia Rodríguez Ruiz asegura que la risa refuerza las habilidades sociales y favorece la concentración. "Estar relajados y positivos contribuye a relacionarnos de forma efectiva y hace que la concentración sea más efectiva", subraya.

No obstante, en su tesis 'El uso del humor en la enseñanza: una visión del profesorado de ELE', Francisco Manuel Rivero González señala que todavía hay resistencias a introducir el humor en el aula por el miedo a perder el control de la clase, a no tener gracia suficiente, impartir contenidos serios que no se prestan al humor o la preocupación por ofender a alguien.

Cómo potenciar la risa en el aula

El humor en el aula, en especial en edades tempranas, motiva hacia el estudio y ayuda a generar unos hábitos que se mantendrán en la edad adulta. Germán Payo, director del programa "Educa desde el Humor", insiste en la idea de que "el humor es una herramienta para relacionarnos". Sin conceder a esta capacidad más importancia que al hecho de ser "un buen profesor", defiende que quien enseña con humor "comunica mejor, se relaciona, motiva y conecta con el alumnado".

No hay que caer en el exceso hasta el punto de que los estudiantes se rían del profesor. Se debe buscar el equilibrio. Y este es tan importante que hasta algunos centros, como la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, han creado un "Aula del Humor", para el conocimiento y el estudio de este fenómeno, además de organizar distintas actividades que lo promueven.

El juego en clase es un aliado de la risa, de los buenos momentos y de la unión del grupo. Germán Payo añade otras ideas para potenciar el buen humor: "Clases activas, participativas, entretenidas con juegos de aprendizaje, con temas serios y ejemplos divertidos que ilustren los conceptos que explicamos". La actitud del profesorado es fundamental. Incluso ellos se benefician de la risa, al reducir su nivel de estrés. Introducir un chiste, una frase divertida o una broma en el momento oportuno es un recurso didáctico que proporciona una risa sana para todos.

El programa "Aulas Felices", implantado en España y países como México o Colombia, se basa en la psicología positiva. Dirigido a alumnos entre 3 y 18 años y de descarga gratuita en Internet para que cualquier centro cuente con él, proporciona ideas al profesorado para introducir el humor en el aula, a la vez que se fomenta la autonomía, la iniciativa y el denominado "aprender a aprender".

Reír antes de un examen

No es una cuestión baladí. La risa no es algo que deba tomarse, precisamente, a risa. En un experimento realizado en 2002, se comprobó que reír antes de un examen resulta mejor que repasar apuntes. Una vez realizada esta prueba, "se redujeron los niveles de ansiedad y tensión y se estimuló la creatividad y la imaginación". La risa antes de comenzar una prueba ayuda a superar el miedo y relaja a los estudiantes.



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Coaching educativo para mejorar los resultados académicos



El coaching educativo implica motivar y apoyar a los alumnos para mejorar los resultados académicos mediante el refuerzo positivo

El coaching educativo se valora desde hace unos años como herramienta para combatir el denominado fracaso escolar. Proporciona formación a los docentes para que transmitan a los alumnos el apoyo y motivación suficientes para alcanzar el éxito durante el curso. El profesor se convierte en el "coach" o entrenador que crea el contexto apropiado para atender las necesidades de cada estudiante y las del grupo. Así se contribuye al buen ambiente en clase, pero sobre todo, se mejoran las relaciones y las competencias. Todos los detalles, en el siguiente artículo


Qué es el coaching educativo

Mejorar los resultados académicos y combatir el fracaso escolar es uno de los retos del sistema educativo. Pero en esta tarea, padres y profesores tienen una importante misión que cumplir. De ellos parte la motivación o, al menos, una buena dosis de este apoyo tan necesario, que ayuda a los estudiantes a ganar confianza y desarrollarse "en un ambiente motivador, donde el esfuerzo, el respeto, el trabajo y el mérito son los motores impulsores hacia el trabajo bien hecho". Así lo expone Ana Embid, especialista en coaching educativo.

Este método de apoyo proporciona "competencias que mejoran el logro de las metas, la disposición por el aprendizaje, las relaciones entre las partes, la forma de dirigirnos a través de las conversaciones", explica Embid en su blog. Esta profesional asegura que el coaching educativo aumenta la autoestima de los alumnos, lo que supone una mejora de su bienestar y, en consecuencia, crea un entorno y genera unas condiciones adecuadas para los estudiantes.

La Asociación Española de Coaching de Familia (AECOFAM), especializada también en coaching educativo, señala que los objetivos de estos programas en los centros pasan por mejorar el proceso de aprendizaje. Para ello, el coaching otorga a los profesores las herramientas necesarias no solo para motivar a los estudiantes, sino para mejorar la relación con ellos y enriquecer la calidad del tiempo en el aula.

El profesor-coach

Durante el taller "Coaching en entornos educativos", organizado el pasado 16 de diciembre, se puso de manifiesto la importancia de la figura del profesor-coach. Es él quien recibe formación para actuar como "entrenador" de emociones positivas en el aula. Estas ayudan a rebajar posibles tensiones entre los estudiantes y les motivan para esforzarse en aprobar el curso.

En esta jornada se reconoció la trascendencia del profesorado para, sobre todo, "potenciar al alumno para conseguir resultados". Uno de los principales aspectos que se valora en el profesor-coach es su empatía, su capacidad de escucha para conocer las circunstancias particulares de cada estudiante, para ayudarles "a reflexionar y encontrar las respuestas por sí mismos".

Cada alumno es único. Por ello el profesor ha de detectar las necesidades de cada uno. El coaching educativo es adecuado para este fin: permite atender a los estudiantes con más dificultades y un mayor riesgo de no superar el curso, sin perder de vista al resto, a quienes se mantiene su motivación para estudiar. Es un modo de que el alumno se sienta reforzado, ya que el profesor le escucha, le conoce y busca la mejor manera de ayudarle.

Coaching individual para ayudar a alumnos con más dificultades

En los casos extremos, cuando los alumnos están en riesgo de abandonar los estudios o tienen dificultades importantes para superar el curso, el coaching es una herramienta de gran ayuda si se aplica de manera individual. Los estudiantes con quien se practica esta disciplina adquieren conciencia de sus capacidades y aumentan su ilusión por el estudio, al sentirse motivados.

Este proceso individualizado da la oportunidad de atender mejor a los alumnos, de centrarse en sus necesidades. El coach puede conocerles, escucharles y acercarse a ellos para detectar la ayuda que necesitan y cómo prestársela. En estas sesiones, se trabaja con los estudiantes la adquisición de confianza, el respeto y la motivación, la clave del coaching educativo.

Esta disciplina se basa en el apoyo e impulso de las emociones positivas para lograr buenos resultados, en este caso, académicos. Todavía son pocos los centros en los que se aplica esta técnica, puesto que los docentes han de formarse previamente y, siempre que sea posible, implicar a los padres en el proceso. De este modo, se prolongará en el hogar el cambio iniciado en el centro y se conseguirá un mejor rendimiento de los estudiantes.



 
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