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El Bullying también lo fomentan los padres con su mal ejemplo.



El Bullying también lo fomentan los padres con su mal ejemplo. 



El Bullying, sin querer o queriendo, puede empezar a fomentarse desde la tranquilidad del hogar, con esos comentarios mordaces, despectivos, injuriosos, etc. que los padres hacen delante de los hijos, sobre las personas que son diferentes a su grupo étnico, social o intelectual.

Esos comentarios suelen fomentar en los hijos la xenofobia, el racismo, la intolerancia, el abuso de fuerza, la discriminación, la aporofobia (miedo a la pobreza), la burla por el físico o imagen, etc., de eso, solamente hay un pequeño paso para desencadenar el chispazo del crimen del bullying.

Critican o consienten que los hijos hablen despectiva o negativamente, sobre diferencias en los sistemas de educación entre escuelas públicas, colegios privados y homeschooling, lo que crea un sentido de rechazo a los no iguales, que algunas veces termina fomentando el bullying.

Los padres no deben hablar con total naturalidad delante de sus hijos, sobre las cosas que nos les gustan de otros, o de situaciones contrarias a sus intereses económicos, sociales o educacionales, demonizando a todos los que no son iguales.

14 Ocasiones en las que los padres pueden sembrar la semilla del bullying:


  1. Cuando critican a las víctimas del bullying al decir “Algo habrán hecho”. “No saben ni defenderse”
  2. Cuando critican a los que son pacíficos y no quieren meterse en peleas, animando a los promotores del bullying: “Son unos cobardes, dejan que todo el mundo haga lo que quiera, no imponen su autoridad”. 
  3. Cuando critican a todo lo que sea inclusión, flexibilidad, generosidad, comprensión, caridad, respeto, etc. 
  4. Cuando critican aseverando que todos hacen todo mal, y nosotros lo hacemos todo bien. 
  5. Cuando critican con expresiones faciales o lenguaje corporal, indicando el disgusto de estar con alguien, que no les cae bien. 
  6. Cuando critican continuadamente a los políticos elegidos democráticamente, aunque los que critican, no hayan ejercido el derecho al voto. 
  7. Cuando critican a los profesores que castigan a los responsables que ejercieron el Bullying. 
  8. Cuando critican los videos comprados o los programa de TV, que no contengan explícitamente acciones violentas, contra las personas más débiles o indefensas. 
  9. Cuando critican despiadadamente a otros familiares o amigos comunes, en relación con sus gastos o ingresos, situación económica, problemas familiares, etc. 
  10. Cuando critican de forma hiriente o ridiculizadora, los artículos de opinión, noticias o personas en los medios de comunicación, etc. 
  11. Cuando critican perversamente, atentando contra la autoestima y dignidad de otras personas, en frases como: “No valen para nada”. “Por mucho que se esfuercen no lo van a conseguir”. “No vale la pena, ni que lo intenten”. “No son capaces”. “Por su culpa, nosotros estamos así”. 
  12. Cuando critican negativamente todo lo que sucede, expresando intolerancia hacia lo diferente o ignorado. 
  13. Cuando critican sobre colectivos diferentes a ellos, por su Fe, raza, etnia, color, situación económica, cultural, salud, presencia, etc. 
  14. Cuando critican sobre todo lo que se oye o ve en la televisión, en determinados programas, sin ejercer el derecho de cambiar el canal.


Algunos padres no quieren o no saben darse cuenta, que ellos tienen que ser para sus hijos los modelos de virtudes, y que tienen que educarlos con sus conocimientos y prácticas de las virtudes y valores humanos. Deben examinar sus propias conductas y lo que se les enseña, considerando cómo afectan a los más pequeños, los comentarios violentos que realizan incluso dentro del hogar.

Los padres deben comprender que sus comentarios, hechos o actitudes despectivas o agresivas, tienen consecuencias directas sobre el comportamiento de los hijos. Tienen que darse cuenta que están enseñando a sus hijos a abusar, fomentando o consintiendo, que sus hijos en la escuela o en la calle hagan bullying.

El efecto desolador que produce, el hacer comentarios tras comentarios de otras personas diferentes, se quejan, dan opiniones sobre todo y sobre todos. Lanzan condena tras condena contra otras personas, que son distintas a ellos. Incluso sugieren que si tuvieran el poder, actuarían de manera violenta con otras personas diferentes.

En el mismo hogar empieza la siembra de la semilla del odio, pues cuando los hijos llegan a tener poder, en grupo o en solitario, contra otra persona diferente, se le viene el recuerdo de las injurias que sus padres han dicho, sobre determinadas personas. Casi siempre indefensas o en minoría.


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18 Conceptos para escuchar bien a los hijos



18 Conceptos para escuchar bien a los hijos

Cuántas discusiones se podrían ahorrar si antes de regañar a los hijos y exaltarse ante sus errores, primero se les dedicara unos minutos a escucharlos a saber lo que sienten, lo que piensan, los que les atemoriza, lo que les alegra, lo que les preocupa, lo que les pasa…

Escuchar a los hijos es uno de los mejores actos que podemos hacer por su formación integral; para lograrlo Francisco Gras -autor citado anteriormente y colaborador de LaFamilia.info-, proporciona las siguientes pautas para hacer de la escucha una maravillosa herramienta educativa en el desarrollo de los hijos:

1. Comunicar a los hijos que los padres, a todas horas y bajo cualquier circunstancia, siempre quieren y están dispuestos a escucharles y de forma muy positiva, para que se produzca un verdadero intercambio de sentimientos y no de interrogatorios o monosílabos, que la mayoría de las veces quieren decir, “déjame en paz y cállate”.

2. Hacerles participes en los temas familiares, de las alegrías, penas, discusiones, objetivos, planes, presupuestos, situación económica, etc. Esto les acostumbrará a ir dando sus opiniones, a ser cada vez más abiertos a darlas, y a los padres a tener que escucharles por haberles preguntado.

3. Demostrarles confianza al pedirles su opinión, y si es conveniente delegarles responsabilidades y decisiones, procedentes de sus opiniones.

4. Contarles cómo nos sentimos ante determinadas situaciones, en las que ellos estén implicados o no, para que vean que no es difícil expresar los sentimientos, opiniones, alegrías, cansancios y dificultades y que se adquiere una gran paz interior, cuando se comparten las cosas a su debido tiempo, circunstancias y personas.

5. Hablarles de que todos queremos ser escuchados, pero sin tener que ser juzgados y sentenciados continuamente, por nuestros actos u opiniones. Si los hijos tienen bien claro, que les vamos a escuchar sin juzgar, seguramente estarán más dispuestos a hablar, que a quedarse callados. Los padres deben fomentar estas situaciones, para escucharles con mucha atención. Es muy bueno empezar desde pequeños, con temas a su alcance mental, para crear costumbre.

6. Ponerles más atención cuando hay algún problema grave, que pueda ser por un mal comportamiento de los hijos, por un problema de los padres o de la familia en conjunto. Hay que escucharles muy atentamente, lo que quieren decir y cómo lo quieren decir.

7. No retrasarse en preguntar lo que haya que preguntar, aunque no quiera escuchar lo que supuestamente va a escuchar. Es preferible ser un padre que escucha, aunque duela, a ser un padre que ignora.

8. Exija escuchar las explicaciones que los hijos deban darle, quieran o no quieran, les guste o no les guste hacerlo. La autoridad paternal en materia familiar, moral y social, no debe ser disminuida, excluida, anulada ni abolida bajo ningún concepto y mucho menos, en función de lo que los padres tienen y deben escuchar.

9. Escuchen los cónyuges a los hijos, por separado o unidos, con la misma línea de amor y de exigencia hacia ellos, principalmente en las normas transcendentales de obligado cumplimiento personal, familiar, moral y social.

10. Escuchen bien a los hijos, pero tengan mucho cuidado, si les tienden la trampa de “divide y vencerás” o si ya conocen los puntos flacos de cada uno de los cónyuges, y siempre se dirigen hacia el más débil, para conseguir lo que con el otro cónyuge, no conseguirían. Si fuera necesario, escuchen como hacen los policías, haciendo uno de bueno y otro de malo, pero siempre unidos, por el bien de los hijos.

11. No tengan miedo de escuchar a sus hijos lo que tengan que decirles, pues como padres, tienen que estar a las duras y a las maduras. No hay nada entre padres e hijos, que con buena voluntad no pueda solucionarse. Las causas de los miedos y sus efectos devastadores, suelen ser productos de las dudas, justificadas o no. Pero los miedos la mayoría de las veces desaparecen, cuando se saben los verdaderos motivos que los han causado.

12. Dialogar con el lenguaje del silencio, suele ser muy efectivo. Muchas veces es necesario escuchar, sin hablar, ni una sola palabra, dejando paso a que los hijos se expliquen o desahoguen, sin interrumpirles en lo más mínimo. No se preocupen si los hijos empiezan con un monólogo, poco a poco irán abriéndose cada vez más, al pedir ellos mismos respuestas a sus preguntas.

13. Tengan en cuenta que las palabras dichas de más, enredan las que se han dicho justas, y las dichas de menos, confunden con lo que falta por decir.

14. Olvídense del orgullo equivocado, que no sirve nada más, que para crear o mantener enconos, pues los oídos de los padres, se han hecho para entender con amor y son la puerta de los grandes abrazos.

15. Tienen que aprender a perder un poco para ganar un mucho, aunque nada más oiga medias respuestas.

16. El secreto de saber escuchar bien, sirve para saber hablar bien.

17. Por muy amargo que sea el tener que escuchar, la clase de veneno que han elegido para suicidarse, poco a poco o muy deprisa, siempre se les podrá dar soluciones u opciones, para salir de los infiernos que producen determinadas adicciones.

18. Si el tema que escuchan requiere una respuesta inmediata, y si esta es muy grave o difícil, no duden en pedir un aplazamiento para estudiarla, consultarla y armarla antes de decirla. Si la dicen con precipitación, a lo peor ya no tiene remedio y se convierten en “esclavos de sus palabras y no, en dueños de sus silencios”.

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CÓMO ACTUAR CON EL NIÑO/NIÑA DESOBEDIENTE



6 Consejos para ayudarte con los niños y niñas desobedientes.


  • Ejerce Disciplina positiva, poniendo límites a determinadas conductas.

  • Los niños y niñas necesitan saber lo que pueden y no pueden hacer. Esto les aporta seguridad. Están aprendiendo como deben comportarse y en determinados momentos no saben cuáles son las conductas y actitudes adecuadas.

    Por ejemplo, cuando el pequeño se enfada y pega a otros niños: le diremos claramente “no se pega” y le ofreceremos otra alternativa, para que sepa lo que tiene que hacer “si estas enfadado por algo se lo dices a tu amiguito, le dices lo que quieres o te gustaría”.
    • Establece Normas claras, sencillas y consensuadas.

    Las normas deben ser claras, sencillas y consensuadas por todos. Las normas no deben ser vistas como una imposición, sino como unas reglas que todos debemos cumplir para una convivencia tranquila y feliz. Por ello debemos establecer las normas entre todos. Estas normas también deben ser claras y sencillas, es decir si algo no se puede hacer, no se puede hacer nunca, una norma que a veces es obligatoria y otras veces no lo es, lleva a que los pequeños no la comprendan y piensen que se la pueden saltar.

    • Refuerza el buen comportamiento.

    No solo debemos prestar atención a los niños y niñas cuando nos desobedezcan o se porten mal, si hacemos esto, ellos llamarán nuestra atención con estas conductas.

    Es importante señalarles lo que hacen bien, decirles lo contentos que estamos cuando han obedecido y prestarles atención.


    • Flexibilidad y autoridad democrática.

    En importante que los pequeños comprendan el sentido de las reglas, para ello están no deben ser vistas como una imposición porque si. Para ello dialoga con ellos, escúchales y llega a acuerdos. A veces es bueno ceder en algo, les damos capacidad de elección.

    Por ejemplo si quiere elegir la ropa que quiere ponerse le dejamos, si quiere elegir la comida o la hora de irse a dormir no le dejamos hacerlo.

    • Cuando la norma no se cumpla y el niño o niña desobedezca, actúa rápida e inmediatamente.

    No entres en discusiones y peleas, simplemente no permitas que se salga con la suya. Por ejemplo: Le pedimos al niño que apague la tele y vaya a su cuarto a dormir, se niega a hacerlo. Simplemente apagamos la tele y le llevamos a su cuarto. Si llora o se queja, no entramos con él en una discusión o pelea, le decimos que es lo que hay que hacer, le tratamos con cariño y atención, pero no entramos en la lucha.

    Debemos intentar que el pequeño se calme. El castigo sólo hará que se enfade más y que nos desespere más a nosotros. Usaremos entonces el tiempo fuera, le llevamos a un lugar agradable para pensar, donde se sienta a gusto y le facilite de esta forma la relajación. Si se niega, seremos nosotros los que nos vayamos a otro lugar, haciendo el tiempo fuera, le damos ejemplo y nos calmamos también.

    • Dale Cariño, y se comprensivo.

    Debemos comprender la edad y etapa por la que pasan los pequeños, ser conscientes de que están formando su identidad.

    No desesperar y entenderles, a fin de cuentas los adultos somos nosotros.

    Fuente: Educapeques

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    Doce consejos para ser ecológicos en la naturaleza


    Comportarse de forma ecológica en un espacio natural contribuye a su conservación presente y futura . Si se va de vacaciones a un entorno natural, o simplemente se incluye este destino en una visita ocasional, es conveniente seguir unos consejos para disfrutar de sus posibilidades de manera ecológica y poder conservarlo de aquí en adelante. En este artículo se dan una docena de recomendaciones, entre ellas, desplazarse de manera sostenible, comer de forma ecológica, tratar las basuras de forma adecuada o no provocar fuegos.

    1. Desplazarse de manera sostenible

    Para desplazarse hasta el espacio natural elegido, lo idóneo sería utilizar el transporte público. Si no queda más remedio que usar el vehículo privado, al menos compartirlo con otros usuarios y conducir de forma eficiente. Ya en plena naturaleza, lo más ecológico y sano es ir a pie o en bicicleta y evitar vehículos todoterreno, motos o quads que, además de erosionar el suelo, emiten un molesto ruido que afecta al entorno.

    2. Respetar las indicaciones y las normas del espacio natural

    Los espacios naturales protegidos suelen contar con señalizaciones y normas de uso que hay que respetar para evitar dañarlos. Conviene leerlos con atención y, si es posible, informarse antes de sus particularidades, como en la Guía de Parques Naturales, Nacionales y Reservas de la Biosfera de EROSKI CONSUMER. Por ejemplo, la entrada a algunos de estos espacios está restringida a unos pocos usuarios que tienen que registrarse con anterioridad.

    3. Comer de forma ecológica

    Si se va a pasar todo el día, una cesta de mimbre o una mochila son perfectos compañeros. La comida se puede llevar en tarteras o envases específicos reutilizables (nunca de usar y tirar ni con un empaquetado excesivo) y la bebida en termos o bidones de aluminio. Las botellas o las bolsas de plástico tienen un gran impacto ambiental si se abandonan en la naturaleza y, por ello, hay que evitarlos. Aunque el vidrio se puede reciclar, en la naturaleza no es la mejor opción porque puede ser un elemento cortante y provocar un incendio.

    4. Tratar las basuras de forma adecuada

    La basura producida durante la jornada se debe tratar de forma adecuada. Algunos espacios naturales cuentan con contenedores, pero si no hay o se duda sobre su posterior reciclaje, los residuos generados se deben conservar hasta poder reciclarlos de forma conveniente. Algunos, como las pilas, pueden ser muy tóxicos para el medio ambiente. Por ello, también hay que guardarlos para su posterior tratamiento.

    5. Utilizar el agua y la energía con moderación

    El agua es un recurso cada vez más escaso, y en la naturaleza lo es aún más. No dejar grifos abiertos de fuentes, usar solo lo necesario y evitar que jabones o champús acaben en ríos, lagos o mares y los contaminen son algunas medidas indispensables. De la misma manera, los consejos para ahorrar energía deben también aplicarse.

    6. No provocar fuegos

    Grandes desastres como los incendios forestales se pueden generar por una colilla mal apagada o una barbacoa. Si es posible, se recomienda no fumar o, al menos, preocuparse de que colillas y cenizas no lleguen al entorno; también hacer fuegos solo en espacios habilitados para ello y hacer caso a las indicaciones. En épocas de riesgo de incendio se prohíbe hacer fuego incluso en estos lugares.

    7. No molestar a las especies ni alterar el entorno

    Los ecosistemas y las especies que habitan en ellos viven en un delicado equilibrio que puede romperse por cualquier pequeña alteración, sobre todo en el caso de las especies amenazadas. Es aconsejable, por tanto, no tocar los nidos de las aves, no ofrecer comida que pueda sentar mal a los animales, no gritar ni introducir elementos de contaminación acústica como música o vehículos ruidosos, no llevarse nada "como recuerdo", etc. En resumen, dejar todo como estaba.

    8. No introducir especies invasoras

    Las especies invasoras causan graves daños medioambientales y económicos. En algunas ocasiones se han introducido por descuido o desconocimiento de sus consecuencias. Nunca hay que llevar una especie de un lugar a otro distinto.

    9. Evitar el tráfico ilegal de especies protegidas

    El contrabando de especies (en especial en España, por donde se estima que circula el 30% de todo el mercado mundial), además de ser un delito, pone en riesgo a muchos seres vivos en situación delicada. Así ocurre cuando se adquiere una especie exótica, ya sea viva o como souvenir con partes de la misma, como corales o colgantes de marfil.

    10. Denunciar conductas antiecológicas y catástrofes ambientales

    Si se observa alguna actividad que ponga en peligro la naturaleza, como vertidos ilegales, uso de cebos con veneno, contrabando de especies, incendios forestales, etc., se debe denunciar. Marcar el teléfono de Emergencias, el 112, o el del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona), el 062, son dos buenas maneras de hacerlo.

    11. Practicar el turismo ecológico

    El turismo ecológico ofrece una estancia agradable y en armonía con el entorno. Las posibilidades son diversas, desde el senderismo hasta el "birdwatching" u observación de las aves en su hábitat natural. La oferta de hoteles ecológicos todavía es pequeña en España, pero se pueden encontrar algunos con encanto.

    12. Ir como voluntario ambiental

    Diversas asociaciones ecologistas e instituciones ofrecen programas de voluntariado medioambiental, para sensibilizar al resto de ciudadanos o ayudar a conservar y recuperar espacios naturales que no reciben a menudo suficientes recursos.


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    ¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD?



    ¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD?

     Educar es ayudar a la persona a alcanzar la capacidad de ser independiente, de valerse por sí misma, de tomar decisiones, de hacer uso de la libertad desde el conocimiento de sus posibilidades, y esto no se improvisa: es un proceso largo y costoso, que se inicia en la familia y tiene su continuidad en la escuela y otros ambientes sociales.

    La responsabilidad es la capacidad de asumir las consecuencias de las acciones y decisiones buscando el bien propio junto al de los demás.

    Los niños deben aprender a aceptar las consecuencias de lo que hacen, piensan o deciden. Nadie nace responsable. La responsabilidad se va adquiriendo, por imitación del adulto y por la aprobación social, que le sirve de refuerzo.

    El niño siente satisfacción cuando actúa responsablemente y recibe aprobación social, que a su vez favorece su autoestima.

    Educar en la responsabilidad no es tarea fácil. Se consigue solo mediante el esfuerzo diario de padres y educadores, pero la recompensa de grande: educar adultos responsables.

    No es fácil saber qué se puede exigir a un niño o hasta dónde es capaz de actuar de un modo responsable y adecuado a su edad pero, teniendo en cuenta las distintas etapas de su desarrollo, podemos señalar los siguientes niveles de capacidad:

    Entre dos y tres años

    Puede hacer algunas tareas bajo el control del adulto. Todavía no comprende lo que hace bien o mal y obra de acuerdo a mandatos y prohibiciones porque no posee autocontrol. Colabora con el adulto en ordenar y guardar sus zapatillas, su pijama, regar las flores y hacer algunas tareas concretas como poner y recoger las servilletas, etc.

    Entre tres y cuatro años

    Observa la conducta del adulto y la imita. Actúa en función del premio o el castigo. Ya va siendo capaz de controlarse y de tener orden en sus cosas. Colabora en guardar juguetes y los debe recoger. Puede poner algunas cosas fáciles en la mesa como el plato y los cubiertos, etc. Se desnuda solo y se viste con ayuda. Aprende a compartir las cosas y a esperar su turno. Muestra interés creciente por jugar con otros niños.

    Entre cuatro y cinco años

    Sigue observando e imitando al adulto. Necesita que le guíen pero tiene deseos de agradar y servir y por eso suele tener iniciativas responsables como vestirse, recoger sus juguetes, controlarse en un espectáculo, etc. Ya puede dársele alguna responsabilidad: poner la mesa, ocuparse de algún recado dentro del entorno familiar. Puede cuidar a hermanos pequeños durante algún rato, estando un adulto cerca. Debe dejar ordenados los objetos que usa. Es bastante autónomo en la comida y en su cuidado personal se calza, se lava y va al baño solo. Acepta los turnos en el juego, aunque no siempre los respeta. Suele asociarse con dos o tres niños para jugar y entabla las primeras amistades.

    Entre cinco y seis años

    Ya ha aprendido bastantes conductas y, aunque necesita que la persona adulta le diga lo que debe o no debe hacer, conviene presentarle dos opciones, para que elija. Puede ser responsable de tareas domésticas sencillas: limpiar el polvo, recoger la mesa, preparar su ropa para vestirse, buscar lo que necesita para una actividad concreta. No hay que olvidar que el niño sigue imitando y que es exigente en la aplicación de la norma para todos. Le agrada ayudar y cumplir encargos y recados sin cruzar la calle o pasar por lugares peligrosos. Juega en grupos de tres o más y sigue reglas sencillas. Intenta ser autónomo y puede rebelarse frente a las presiones de los adultos en asuntos como disciplina, autoridad y normas sociales. A partir de los cinco años comienza a despertar la intencionalidad, asimila algunas normas y se comporta de acuerdo con ellas.

    Entre seis y siete años

    Con control y ayuda para evitar descuidos involuntarios, puede y debe prepararse los materiales para realizar una actividad. Comienza a ser capaz de controlarse en desplazamientos muy conocidos y próximos tales como el colegio, la casa de amigos que vivan en el mismo bloque de viviendas, casa de algunos familiares, etc.

    Puede disponer de algún dinero semanal y aprender a administrarlo, sabiendo que, si lo gasta, deberá esperar a la semana siguiente para recibir una nueva paga. Todavía se guía por las normas y hábitos del adulto: identifica el bien con lo mandado y el mal con la prohibido o lo que enfada al adulto. Cumple las órdenes al pie de la letra, generalmente hasta los ocho años. Puede controlar sus gastos con más facilidad. Tiende a formar grupos de relación con compañeros del mismo sexo. Aprende costumbres sociales relacionadas con el saludo, la despedida, el agradecimiento, etc. Actúa de forma responsable si se le ofrecen oportunidades para ello. Tiene el deseo de ser bueno y, si no lo es, culpa a los demás o a las circunstancias porque no soporta que le consideren malo.

    Va adquiriendo la noción de justicia y comprende las normas morales mediante ejemplos concretos.

    A los ocho años

    Comienza a adquirir autonomía personal y puede controlar sus impulsos, en función de sus intenciones. Es capaz de organizarse en la distribución del tiempo, del dinero y de los juegos. Todavía precisa alguna supervisión. Pueden dársele responsabilidades diarias: preparar el desayuno, bañarse, acudir solo al colegio, etc.

    Empieza a distinguir la voluntad del adulto de la norma y es consecuente en su conducta. Sabe cuándo y cómo debe obrar en situaciones habituales de su vida. La actuación de las personas adultas es decisiva, dado que si persiste una presión autoritaria el niño se hace dependiente, sumiso y falto de iniciativa. Si, por el contrario, se obra de forma permisiva, el niño se convertirá en una persona caprichosa e irresponsable. Así pues, se hace imprescindible una actitud que favorezca la iniciativa y mantenga la exigencia. Le atrae el juego colectivo y coopera en grupo.

    Es capaz de prever las consecuencias de sus actos.

    Entre nueve y once años

    Ya es bastante autónomo en sus intenciones y, por lo tanto, en su responsabilidad. Suele tener una organización propia para sus materiales, ropas, ahorros... Puede encargarse de alguna tarea doméstica y debe realizarla con responsabilidad y cierta corrección. Le gusta que se le recompense por la tarea que se le encomienda.

    Aunque aparezcan rasgos de dependencia, le gusta tomar decisiones y oponerse al adulto con cierta rigidez. Es capaz de elegir con criterios personales. Se hace estricto, exigente y riguroso.

    Se identifica con su grupo de amigos en el que cada uno tiene una función asignada y se acata lo que dicta el jefe de la pandilla.

    Reconoce lo que hace mal, pero siempre busca excusas, aunque para los demás suele ser muy estricto. Le gusta que le dejen decidir por sí mismo y tiene necesidad de afianzar su yo frente a los demás, de ahí su resistencia a obedecer y su afán de mandar a otros niños menores. Conoce sus posibilidades, decide y reflexiona antes de obrar, aprende de las consecuencias y se siente atraído por los valores morales de justicia, igualdad, sinceridad, bondad, etc.

    Entre once y doce años

    La influencia de los amigos comienza a ser decisiva y su conducta estará influenciada en gran parte por el comportamiento que observa en sus amigos y amigas o compañeros de clase. Los hermanos y hermanas mayores tienen más influencia sobre ellos que los padres. Aparece una etapa en la que la crítica suele ser muy frecuente y dirigida hacia sus padres y profesores; no le gusta que le traten de un modo autoritario, como a un niño; reclama autonomía en todas sus decisiones.

    Necesita tener amigos y depositar en ellos su confianza; es leal al grupo y su moral es la de sus iguales, a los que imita en la forma de vestir, en los juegos, las aficiones, etc. Quiere ser como los mayores. Tiene sentido de responsabilidad, trata de cumplir sus obligaciones y se hace más flexible en sus juicios. Su comportamiento es mejor fuera del entorno familiar. Tiene capacidad para valorar lo bueno o malo de sus acciones, puede pensar en las consecuencias, conoce con bastante objetividad sus intenciones y desea obrar por propia iniciativa, aunque se equivoque.

    La responsabilidad se adquiere y desarrolla progresivamente, por etapas. El desarrollo de la capacidad de actuar de forma responsable depende de cada persona y del contexto o ambiente que la rodea (familia, escuela, barrio, etc). Por todo ello, existen ritmos distintos en cada persona. Así pues, será difícil encontrar niños y niñas que, con los mismos años, manifiesten el mismo grado de responsabilidad: cada niño o niña desarrolla más unos aspectos y otros menos. Por lo tanto, estas fases que hemos descrito no deben entenderse de forma estricta o cerrada sino como una referencia.

     
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