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Coaching educativo para mejorar los resultados académicos



El coaching educativo implica motivar y apoyar a los alumnos para mejorar los resultados académicos mediante el refuerzo positivo

El coaching educativo se valora desde hace unos años como herramienta para combatir el denominado fracaso escolar. Proporciona formación a los docentes para que transmitan a los alumnos el apoyo y motivación suficientes para alcanzar el éxito durante el curso. El profesor se convierte en el "coach" o entrenador que crea el contexto apropiado para atender las necesidades de cada estudiante y las del grupo. Así se contribuye al buen ambiente en clase, pero sobre todo, se mejoran las relaciones y las competencias. Todos los detalles, en el siguiente artículo


Qué es el coaching educativo

Mejorar los resultados académicos y combatir el fracaso escolar es uno de los retos del sistema educativo. Pero en esta tarea, padres y profesores tienen una importante misión que cumplir. De ellos parte la motivación o, al menos, una buena dosis de este apoyo tan necesario, que ayuda a los estudiantes a ganar confianza y desarrollarse "en un ambiente motivador, donde el esfuerzo, el respeto, el trabajo y el mérito son los motores impulsores hacia el trabajo bien hecho". Así lo expone Ana Embid, especialista en coaching educativo.

Este método de apoyo proporciona "competencias que mejoran el logro de las metas, la disposición por el aprendizaje, las relaciones entre las partes, la forma de dirigirnos a través de las conversaciones", explica Embid en su blog. Esta profesional asegura que el coaching educativo aumenta la autoestima de los alumnos, lo que supone una mejora de su bienestar y, en consecuencia, crea un entorno y genera unas condiciones adecuadas para los estudiantes.

La Asociación Española de Coaching de Familia (AECOFAM), especializada también en coaching educativo, señala que los objetivos de estos programas en los centros pasan por mejorar el proceso de aprendizaje. Para ello, el coaching otorga a los profesores las herramientas necesarias no solo para motivar a los estudiantes, sino para mejorar la relación con ellos y enriquecer la calidad del tiempo en el aula.

El profesor-coach

Durante el taller "Coaching en entornos educativos", organizado el pasado 16 de diciembre, se puso de manifiesto la importancia de la figura del profesor-coach. Es él quien recibe formación para actuar como "entrenador" de emociones positivas en el aula. Estas ayudan a rebajar posibles tensiones entre los estudiantes y les motivan para esforzarse en aprobar el curso.

En esta jornada se reconoció la trascendencia del profesorado para, sobre todo, "potenciar al alumno para conseguir resultados". Uno de los principales aspectos que se valora en el profesor-coach es su empatía, su capacidad de escucha para conocer las circunstancias particulares de cada estudiante, para ayudarles "a reflexionar y encontrar las respuestas por sí mismos".

Cada alumno es único. Por ello el profesor ha de detectar las necesidades de cada uno. El coaching educativo es adecuado para este fin: permite atender a los estudiantes con más dificultades y un mayor riesgo de no superar el curso, sin perder de vista al resto, a quienes se mantiene su motivación para estudiar. Es un modo de que el alumno se sienta reforzado, ya que el profesor le escucha, le conoce y busca la mejor manera de ayudarle.

Coaching individual para ayudar a alumnos con más dificultades

En los casos extremos, cuando los alumnos están en riesgo de abandonar los estudios o tienen dificultades importantes para superar el curso, el coaching es una herramienta de gran ayuda si se aplica de manera individual. Los estudiantes con quien se practica esta disciplina adquieren conciencia de sus capacidades y aumentan su ilusión por el estudio, al sentirse motivados.

Este proceso individualizado da la oportunidad de atender mejor a los alumnos, de centrarse en sus necesidades. El coach puede conocerles, escucharles y acercarse a ellos para detectar la ayuda que necesitan y cómo prestársela. En estas sesiones, se trabaja con los estudiantes la adquisición de confianza, el respeto y la motivación, la clave del coaching educativo.

Esta disciplina se basa en el apoyo e impulso de las emociones positivas para lograr buenos resultados, en este caso, académicos. Todavía son pocos los centros en los que se aplica esta técnica, puesto que los docentes han de formarse previamente y, siempre que sea posible, implicar a los padres en el proceso. De este modo, se prolongará en el hogar el cambio iniciado en el centro y se conseguirá un mejor rendimiento de los estudiantes.



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El deporte mejora la atención de los niños



Los deportes colectivos, como el fútbol o el baloncesto, son los más adecuados para incrementar el rendimiento atencional de los más pequeños 

Practicar ejercicio es aconsejable para la salud del organismo y para la mente de los niños. Jugar a baloncesto o a fútbol, practicar natación, gimnasia o danza... No importa qué tipo de actividad sea. Cada vez más estudios demuestran que la práctica del deporte es beneficiosa para la salud. Según una investigación del Instituto Universitario de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir (UCV), la práctica continuada y sistemática de actividades físico deportivas ayuda a que los niños tengan una mejor atención: aumenta su rendimiento cognitivo hasta un 25%.

El organismo de los más pequeños está en continua formación y crece de forma muy rápida. La práctica deportiva aumenta su desarrollo motor, fomenta la flexibilidad y el equilibro y, como en el resto de la población, evita el sedentarismo. Pero no acaban aquí sus bondades. Los investigadores del Instituto Universitario de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir (UCV) aseguran, tras los resultados de un estudio realizado en población infantil entre 10 y 12 años, que el rendimiento cognitivo mejora entre un 15% y un 25%.

Para realizar el citado estudio, los expertos analizaron la práctica deportiva y el rendimiento atencional de niños de un colegio público valenciano y de la Escuela de Fútbol del Valencia Club de Fútbol (CF). Los niños del Valencia CF realizaban tres entrenamientos planificados de 90 minutos de duración tres días a la semana y jugaban un partido semanal. Además, los entrenamientos estaban supervisados por técnicos deportivos y licenciados en educación física. En cambio, el grupo del colegio público valenciano realizaba actividades físico deportivas o clases de educación física durante menos de 5 horas a la semana.

Todos realizaron diferentes tareas experimentales (con una serie de estímulos visuales) en las que se tomó nota de los tiempos de reacción así como de la precisión en sus respuestas. De este modo, se intentó medir y analizar tres funciones atencionales: el nivel de alerta (relacionada con la capacidad de ser estimulado con estímulos sonoros novedosos), la orientación atencional (relacionada con la capacidad de distracción de los niños con estímulos irrelevantes para la tarea principal) y la resolución de conflictos (relacionada con el pensamiento estratégico y selección de respuesta)".

Un gran abanico de posibilidades para los niños

Los resultados mostraron que la práctica físico deportiva contribuye de forma evidente a incrementar el rendimiento cognitivo. De este modo, la capacidad de atención aumenta entre un 15% y un 25%. De la misma manera, los niños que realizaban menos ejercicio cometían un 7% más de errores. Y los que practicaban deporte en equipo (como baloncesto, fútbol o balonmano) eran un 25% mejores en la tarea de diferenciar estímulos relevantes y no relevantes comparados con los que lo hacían de forma individual (como natación o atletismo).

Pero con su práctica se obtienen muchos otros beneficios. Fomenta el aprendizaje de las reglas sociales, a que se supere el individualismo y ayuda a quienes son más tímidos a que se abran a los demás. Además, permite canalizar la impulsividad y la agresividad. También favorece la mejora de la coordinación, las posibilidades motoras y el crecimiento sano de huesos y músculos. Y, a su vez, estimula a los pequeños a que asuman responsabilidades.

EL EJERCICIO MÁS IDÓNEO

Las enfermedades derivadas del sedentarismo y de una mala alimentación, como la obesidad, no dejan de aumentar. Ser un niño obeso puede comportar que se acarreen enfermedades como hipertensión, diabetes mellitus 2 o cifras de colesterol elevadas, que a su vez, forman parte de los factores de riesgo cardiovascular. Así, practicar deporte, además de prevenir estas patologías ayuda a su desarrollo. Según la Fundación Española del Corazón, el mejor ejercicio es, sobre todo, "el aeróbico, que aumenta la resistencia, mejora la fuerza muscular y la flexibilidad, y que no suponga una sobrecarga osteomuscular para evitar problemas en el desarrollo".

Para ellos, los expertos lanzan una serie de recomendaciones:

** Hasta los 8 años. Juegos, ejercicios de psicomotricidad, coordinación y equilibrio, ejercicios de sentido del ritmo y del espacio. Marchar, saltar, trepar y danzar.

** Desde los 8 a los 12 años. Ejercicios que contribuyan al crecimiento y desarrollo general, con aumento de las actividades diarias, y que estimulen el desarrollo de las cualidades físicas (resistencia, fuerza y flexibilidad). Este periodo es muy bueno para aprender la técnica de los distintos deportes.

** Entre los 12 y 14 años. Aumentar el entrenamiento de la técnica de cada movimiento deportivo y comenzar algún tipo de competición que mantenga la motivación a través del juego.

** A partir de los 14 años. Este es un buen momento para empezar un entrenamiento más especializado, con incremento del volumen de carga y entrenamiento en general.


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Exámenes: cinco errores que se deben evitar al estudiar


La postura, la falta de rutinas y de descanso, los hábitos erróneos y los despistes al estudiar influyen en el resultado de los exámenes

Los factores de éxito en el estudio parecen claros: tener un lugar apropiado, ser organizado, estudiar con antelación, dormir la noche anterior al examen... ¿Pero cuáles son los errores? A menudo se destacan las buenas prácticas y se obvian las que pueden dar al traste con todo lo anterior. En este artículo se hace referencia a cinco errores que se deben evitar al estudiar, cinco hábitos poco recomendables que deben tenerse presentes para no cometerlos: estudiar tumbados, sin un horario fijo, sin hacer descansos, dedicar primero tiempo a lo fácil y dejar para el final lo difícil o tener cerca artículos que puedan despistar, como el teléfono móvil.

1. Estudiar tumbados

La postura es fundamental para mejorar la calidad del estudio. Por ello es recomendable estudiar siempre sentados para mantener la atención en aquello que realizamos. Sin embargo, hay quien prefiere hacerlo en la cama o tumbado en el sofá. La experiencia desaconseja esta posición, ya que si bien resulta más cómoda en determinados momentos, facilita el sueño e impide el estudio.

Pero además, estudiar recostados puede implicar posturas incorrectas o incómodas que afectan a la espalda y a las cervicales y, por consiguiente, provocan dolor en esta zona del cuerpo. Los gestos que se realizan al estar tumbados son más proclives a causar lesiones que los que hacemos sentados en una silla. Permanecer en esta posición durante un tiempo prolongado influye de manera negativa en la columna.

"El Web de la Espalda", de la Fundación Kovacs, incluye un apartado especial para escolares y adolescentes donde se detallan los motivos por los que puede doler la espalda y se aconseja estudiar en una silla con el respaldo recto, "la espalda relativamente recta y los brazos o codos apoyados". Respecto a los pies, deben llegar al suelo para adoptar una postura cómoda. No es aconsejable que cuelguen.

2. Carecer de un horario fijo

No es recomendable estudiar a cualquier hora o hacerlo cada día en un horario distinto. Conviene reservar un espacio fijo que coincida con el momento de la jornada en el que se tiene mayor predisposición a estudiar, ya sea por la mañana o por la tarde -por la noche, es preferible dormir para estar descansados-. Así se consigue que el cerebro y el cuerpo se acostumbren, lo que aumenta el rendimiento.

La organización es esencial. A estudiar se aprende. Hay que reservar tiempo para el estudio en la agenda. Además de los deberes y las actividades extraescolares, se debe dedicar cada día un tiempo al estudio. Al principio serán los padres quienes ayudarán a los hijos a organizarse y luego será responsabilidad de estos. Un horario personal y el compromiso de cumplirlo mejora los hábitos de estudio y los resultados académicos.

3. No hacer descansos

La ansiedad ante un examen, la falta de tiempo, el estrés y la sensación de que no hay horas suficientes para estudiar todo el temario lleva a pasar muchas horas seguidas sin levantar la vista de los apuntes. Sin embargo, esto es perjudicial para los fines que se persiguen. Es importante hacer descansos cada 45 o 60 minutos para estirar los músculos, evitar cargar la espalda y descansar la mente para retomar el aprendizaje con fuerza.

Es aconsejable mantener el hábito de estudio todos los días para llevar la materia al día, pero del mismo modo, hay que intentar terminar la jornada con una actividad deportiva o de ocio, dedicar un tiempo a la lectura, la música u otra tarea con la que se disfrute. De hecho, al organizar el estudio, es recomendable incluir el tiempo que se dedicará al descanso. Eso sí, hay que respetar ese momento y no ampliarlo bajo ningún concepto.

4. Estudiar primero lo más fácil

Con la intención de que la tarea de estudio resulte más liviana, a menudo se comienza a estudiar la asignatura o materia que resulta más sencilla. No obstante, es recomendable hacer justo lo contrario. Puesto que al empezar a estudiar la mente está más fresca y descansada, conviene iniciar por las materias más pesadas o que entrañan más dificultad para los estudiantes. De ese modo, cuando se sienta cansancio, se aprovechará para repasar las cuestiones más sencillas.

La Federación Herrikoa-Ceapa aconseja también "dejar los trabajos más fáciles para el final" y nunca "estudiar materias que puedan interferirse", como "vocabulario de inglés con el de alemán", precisa. En todo caso, recomienda comenzar de una manera suave "para entrar en materia con más facilidad", pero no evitar las dificultades, sino afrontarlas.

La página web "Aprender a estudiar" recoge desde consejos generales a otros concretos para mejorar las técnicas de estudio. Además, propone un test de estudio para comprobar si se aprende de manera correcta o las prácticas que se deben mejorar. Hay que responder un total de 58 preguntas, relativas al lugar de estudio, el ambiente o el tiempo que se dedica a esta función. Al final del test, se presenta un análisis del modo de estudio (papiro 2 de la web) de quien ha respondido a las preguntas, así como una serie de recomendaciones para mejorarlo, si fuera necesario.

5. Despistes: el teléfono móvil alejado de la mesa de estudio

El uso de las nuevas tecnologías ha modificado los hábitos de estudio. Internet es ya una herramienta muy utilizada en sustitución de las enciclopedias tradicionales, las tabletas están llamadas a ser los nuevos soportes de libros digitales y hasta el teléfono móvil ha entrado en el aula. Pero este último debe mantenerse alejado cuando se prepara un examen, con el fin de evitar despistes y caer en la tentación de enviar un mensaje o leer los correos electrónicos en el teléfono.

La mesa donde se estudia debe estar despejada de artículos que no se utilizarán, para contener todo el material de estudio: apuntes, subrayadores, lápices, bolígrafos, etc. Solo si se quiere hacer una consulta puntual a un compañero o buscar una información necesaria, se debería consultar el teléfono o acceder a otro dispositivo para ello.



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La risa, un analgésico natural



Las carcajadas descontroladas liberan endorfinas que provocan euforia y ayudan al control del dolor 

Hasta hoy, numerosos estudios han promovido la risa como una fuente de salud y bienestar, aunque pocos han constatado el porqué del beneficio físico de hacerlo, que va más allá del placer intelectual. ¿Por qué reír de forma descontrolada hace sentir tan bien? Solo el acto de sonreír ya pone en marcha un gran número de músculos del organismo, más de 300. Además, según una investigación reciente, la risa puede actuar como analgésico natural.

Aunque ya se había intuido en estudios anteriores, una investigación de la Universidad de Oxford, publicada en la revista "Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences", lo confirma. La risa puede ser un calmante natural de lo más efectivo. Los resultados ponen de manifiesto que quienes se ríen más son más capaces de soportar el dolor, en concreto, un 10% más. La condición: hay que reírse a carcajadas para que el cuerpo segregue endorfinas que, además de crear euforia, alivien el dolor. Ayuda a calmar el dolor Para llevar a cabo este estudio, los investigadores dividieron a los voluntarios en dos grupos. El primero visualizó vídeos de humor durante 15 minutos, mientras que el segundo grupo vio programas neutrales. Tras esta primera fase, se les sometió a pruebas para valorar su umbral de tolerancia al dolor. El resultado fue que quienes se habían reído fueron capaces de resistir el dolor más que los voluntarios que habían visto proyecciones menos divertidas. Además, se detectaron diferencias de resultados entre la risa y las carcajadas. Mientras que la risa simple y llana no tiene ningún efecto analgésico, las carcajadas, sí. Estas últimas liberan endorfinas que, según demuestra este experimento, además de generar un estado de euforia, calman el dolor. Un posible motivo, explican los científicos, sería el vaciamiento de aire de los pulmones que se da al realizar una carcajada.

Con este estudio, y más allá de buscar nuevos tratamientos, los investigadores quieren explorar el papel de la risa en la fundación de las sociedades humanas hace dos millones de años, un aspecto que se estudia desde hace mucho tiempo. El siguiente paso será corroborar si reír, por sí mismo, hace más fácil que los grupos se unan, trabajen mejor en equipo y sean más generosos. Si fuera el caso, estos resultados podrían explicar por qué los primeros seres humanos fueron capaces de formar grandes comunidades tribales de hasta 100 miembros, mientras que los simios solo crearon agrupaciones con un máximo de 50 individuos.

Los científicos creen que la risa ayudó a agrupar a los seres humanos, tal y como han hecho actividades como el baile y el canto. Curiosamente, estas actividades también producen endorfinas.

Como si de ejercicio se tratara 

Son muchas las investigaciones que desde hace años relacionan la risa con efectos positivos tanto en la salud como en la recuperación de las personas enfermas. Ya a fines del siglo XIX, el médico austríaco Sigmund Freud (padre del psicoanálisis) valoraba los beneficios que el acto de reír aporta al organismo, al liberarlo de la energía negativa. Multitud de estudios desde entonces la han relacionado con la mejora de la digestión, la disminución del estreñimiento, el fortalecimiento del sistema de defensas, el aumento de los niveles de oxígeno en todos los órganos, la liberación de las tensiones, la reducción del estrés y la mejora de la circulación o la presión sanguínea.

Investigadores de la Universidad de Loma Linda, en EE.UU., añadieron el año pasado un nuevo beneficio sumado a los citados: las carcajadas podrían provocar el mismo efecto que el ejercicio físico moderado, ya que causa cambios en dos hormonas relacionadas con el apetito -la leptina y la grelina-. William Fry, psiquiatra que ha estudiado los efectos de la risa durante más de 25 años, asegura en uno de sus estudios que tres minutos de risa intensa equivalen en salud a cerca de diez minutos de ejercicio aeróbico.

En su momento, estos estudios demostraron que la risa tiene efectos positivos en la regulación del sistema inmunológico, porque aumenta la producción de anticuerpos y activa ciertas células protectoras del organismo, como los linfocitos T citotóxicos, que son importantes para evitar la formación de tumores. Reír es tan necesario como dormir bien, llevar una vida saludable o practicar deporte. No obstante, parece ser que la rutina diaria dificulta este acto: a medida que se llega a la edad adulta se ríe menos y, si los niños lo hacen una media de 300 veces al día, los adultos no llegan a las 30.

REÍR COMO TRATAMIENTO 

Según los resultados beneficiosos que provoca el acto de reír, no es extraño que varias organizaciones y agrupaciones de todo el mundo lo tengan en cuenta como parte de algunos tratamientos. En general, la risoterapia se utiliza para lograr estados de relajación y rejuvenecimiento o como coadyuvante para el control del estrés, la depresión, el insomnio o problemas cardiovasculares y respiratorios. Aunque en España aún no está demasiado establecida, en estos últimos años ha ganado terreno. Diversas sociedades médicas organizan cursos en sus congresos nacionales destinados a que los especialistas conozcan esta técnica como método paralelo de tratamiento. Un buen ejemplo de ello son los muchos hospitales que, en sus unidades de pediatría, cuentan con talleres de payasos para niños. También en geriátricos se organizan cada vez más talleres monográficos dedicados a la risa. Fuente: EroskiConsumer

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Podemos mejorar nuestras habilidades sociales




Algunas habilidades sociales son muy útiles tanto en el trabajo como en las relaciones personales

Hay pautas de comportamiento que nos pueden ayudar a cultivar habilidades que nos harán sentirnos más a gusto con nosotros mismos y a ser más apreciados y valorados por los demás.

Naturalmente, estas pautas se pueden aprender y podemos convertirlas en un hábito.

Al iniciar una conversación: naturalidad, interés y empatía 

Procurar:

**Saludar y presentarse uno mismo o una misma, con naturalidad, al menos siempre que no haya alguien que lo haga por nosotros.

**Mirar a los ojos cuando se habla.

**Hacer, cuando proceda, algún cumplido sobre la otra persona, sin resultar adulador ni demasiado condescendiente, pero tratando de transmitir la imagen positiva que de esa persona se ve o se conoce.

**Comentar o preguntar sobre la situación común que se está viviendo; por lo general, es el motivo del encuentro.

**Realizar algún comentario o pregunta sobre lo que se conoce del interlocutor, su trabajo, su vida familiar..

Evitar:

**Hablar con ironía o con tópicos negativos: "Esto parece un funeral, aquí no habla nadie...".
**Pronunciarse de forma ofensiva sobre alguien: "Qué inutilidad de conferenciante".
**Ser dogmático en las apreciaciones: "Todas las películas son iguales".
**Arrancar la conversación con comentarios demasiado personales.
**Hablar con voz exageradamente alta o desmesuradamente baja.
**Adoptar posturas corporales incorrectas o poco elegantes.

Al mantener una conversación: ser activos, escuchar y relax

Se trata de que haya un equilibrio entre hablar y escuchar, para que quienes forman parte de la conversación se sientan cómodos y encuentren espacio para participar. Demos señales con palabras o gestos de que se está escuchando, mantengamos el contacto ocular, hablemos sobre algo que esté relacionado con lo que la otra persona comenta; y si se prefiere cambiar de tema, avisemos. No nos excedamos en el habla ni en la escucha. Y demos respuestas evitando los monosílabos: la conversación debe ser equilibrada.

Al pedir favores: desprendernos del temor

Creemos que quienes nos rodean saben lo que queremos o necesitamos en un momento determinado, pero no siempre es así. Por eso conviene transmitir indicios de nuestros deseos y necesidades a las otras personas, y si se da el caso, pedir directamente favores. Tenemos derecho a pedirlos: al otro siempre le queda la libertad para dar o negar. Evitemos el temor a que nos nieguen lo que solicitamos, y a deber favores si nos responden positivamente.

Al rehusar peticiones: demos explicaciones

Si hemos de dar una respuesta negativa, ofrezcamos explicaciones escuetas y razonadas. Y ofrezcamos una alternativa que demuestre que nos hacemos cargo de la inquietud que generó la petición. Estemos prevenidos ante manipulaciones que se dan en estas situaciones, como los halagos ("como eres tan buena persona pensé que me ibas a ayudar"), la crítica ("nunca te volveré a pedir nada") o los sentimientos de culpa ("me dejas hecho polvo"). Aunque comprendamos las razones del demandante, mantengámonos firmes si las nuestras no han variado.

Al responder a las críticas: raciocinio y ponderación

Cuando nos hacen una crítica podemos sentir que nos están atacando. Tendemos a defendernos, ya devolviendo el "ataque" ya justificándonos. Identifiquemos los aspectos objetivos de la crítica y hablemos sobre ellos evitando tanto la defensa sistemática como contraatacar porque sí.

Al aceptar o rechazar a otras personas: firmeza

En nuestras relaciones se dan situaciones paradójicas: aguantamos a quienes nos caen mal y espantamos a quienes más apreciamos. Tanto si queremos evitar una compañía como si deseamos establecer una comunicación y mantenerla, lo haremos con firmeza. Para ello, hay comportamientos de acercamiento (sonreír, sostener la mirada, orientar el cuerpo hacia la otra persona y demostrar con palabras nuestro interés por lo que hace o dice) y de rechazo: digamos y hagamos, educadamente, lo necesario para que la otra persona capte nuestro desinterés, respondamos con monosílabos, miremos a otras personas y despidámonos con cortesía.

Al admitir el desconocimiento: no hay por qué saberlo todo

Es molesto toparse con personas que lo saben todo, que cuando se les va a contar algo contestan invariablemente "sí, ya lo sabía" o "a mí me vas a decir tú". Lo que nos hace grandes y apreciados es reconocer ante los demás que desconocemos lo que nos están contando o que nos parece interesante lo que nos explican porque lo desconocíamos. No sucumbamos a pensamientos como "qué van a pensar si digo que no lo sé" o "yo ya tendría que saber estas cosas", que sólo nos perjudican.

Al reconocer nuestros errores: elegancia y humildad

Todos cometemos errores y es de personas nobles y maduras reconocerlos. Es más, quienes lo hacen bien gozan de prestigio social, ya que ocultar los errores es una muestra de debilidad. Reconozcamos con elegancia y humildad, pero sin permitir que los demás se 'ceben'. Para encajar los errores, evitemos pensamientos negativos como "soy un desastre", o "esto es imperdonable en una persona como yo" o "no sé cómo me puede pasar esto".

Al recibir cumplidos: serenidad

No recurramos a la falsa modestia cuando nos reconocen o agradecen que hemos hecho bien algo. Cuando los cumplidos son sinceros, aceptemos con serenidad y con agrado la intención de valorarnos, pero no devolvamos el cumplido ni minimicemos nuestros méritos. Lo mejor es dar las gracias y hacer comentarios como "la verdad es que me ha costado mucho hacerlo" o "me alegro de que te haya gustado".

Para finalizar una conversación: directo al grano

Cuando deseamos que un encuentro o conversación se acabe, hemos de tener el convencimiento íntimo de que tenemos derecho a elegir y a manifestarnos con claridad, evitando los pensamientos que nos inducen a creer que es de mala educación interrumpir a otra persona, o que se podría ofender. Es suficiente con: "perdone la interrupción, me tengo que marchar".


 
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