| [+/-] |
El papel de la familia en la formación del hábito lector |
"EL LECTOR NO NACE, SE HACE Y ES LA FAMILIA LA RESPONSABLE DE CREARLO".
La familia es el agente socializador que más influye en el crecimiento de las personas. Es primero en la familia y luego en la escuela donde los niños y las niñas aprenden las capacidades de saber, saber hacer y ser.
Siendo el hábito lector un hábito social, es fácil concluir que no es innato sino aprendido y que es la familia la institución responsable de inculcarlo, puesto que es en casa donde los niños tienen sus primeros encuentros con la palabra escrita.
Los niños y niñas empiezan a leer a través de la voz de sus padres. Por eso estos deben tener en cuenta que cuando les leen cuentos, les narran anécdotas o experiencias, o, simplemente leen en voz alta las instrucciones de armado de un mueble junto con ellos, están haciendo mucho más: están formando un triángulo afectivo niño-adulto-palabra que se queda grabado en la mente del menor para siempre.
Consejos para crear y criar lectores
- No obligar a leer. Como afirma Daniel Pennac, en su ensayo Como una novela, "el verbo leer no tolera el imperativo".
- El logro no es que el niño lea, sino que quiera leer. Regalar libros.
- Darle a los libros la categoría de regalo especial hace que los niños los identifiquen como algo valioso e importante.
- Crear su propia biblioteca.
- Contar con su colección de libros y su propio espacio para colocarlos, hará que leer sea fácil y accesible.
- Enseñarle la utilidad de la lectura. Una buena forma es buscando, junto con ellos, las respuestas a sus dudas en los libros.
- Leerles cuentos antes de dormir.
| [+/-] |
Cómo ayudar a nuestros hijos a aprender a leer |

- Enfatizando el reconocimiento de la palabra haciendo entender a los alumnos su significado global en el contexto.
- Aprendiendo qué sonidos representa cada letra (fonética); eso les ayuda a “decodificar” o pronunciar las palabras.
- Prestando atención a las conexiones entre lo hablado y lo escrito.
- Dedícale un tiempo cada día. A muchos niños les encanta que les cuenten un cuento antes de acostarse. Además esta es una buena manera de relajar al niño después de un día de mucha actividad.
- Deja libros en la habitación del niño para que pueda disfrutarlos cuando quiera. Asegúrate de que la habitación cuenta con las mejores condiciones para una buena lectura: una cama, un sofá o una silla confortable, unas estanterías para los libros y luz adecuada.
- Lee los libros que el niño disfruta más. Al cabo de un tiempo seguro que se sabe las frases de memoria. Deja que vaya relatando él mismo el cuento.
| [+/-] |
¿Cuidas o sobreproteges? |
Seguramente habréis oído hablar de padres y madres helicóptero, los que sobrevuelan a sus hijos; tigre, los que los defienden ante su adversario; agenda, actúan como secretarios; apisonadora, aquellos que le allanan el terreno para evitar obstáculos; o guardaespaldas, siempre detrás para evitarles cualquier peligro o amenaza. Y ahora, lanzo una pregunta: ¿te sientes identificado con alguno de estos tipos?
Vivimos en una sociedad incierta donde la competitividad y el afán de perfeccionismo están cada vez más a la orden. Existen peligros (que son reales) y el deseo de ayudar de los padres no es malintencionado, pero como menciona Elena
“proteger no es solo amparar; es sobre todo enseñarles a defenderse”.
Es fundamental que eduquemos a nuestros pequeños ante las adversidades, que les proporcionemos las herramientas necesarias para hacer frente a la realidad y quizá ahí entre en juego el papel de las emociones. Un aspecto que, aunque cada vez va tomando más fuerza, aún permanece en segundo plano. Catherine L’Écuyer menciona en su libro Educar en el asombro –que por cierto recomiendo su lectura- que
“hay que enseñar a los niños a vivir de cara a la realidad, y para ello hay dos facetas claves: la autoestima, pero también la humildad”.
María Montessori decía que el niño es el protagonista de su educación. El principal cuidador actúa como intermediario entre el niño y la realidad, como base de explotación. Si la relación con el cuidador es segura, el niño irá cada vez más lejos a explorar. “La calidad no se mide por el número de estímulos que le damos al niño. Solo con estar, estableciendo un vínculo con el niño […] ya es suficiente”.
Además, la pedagoga Nora Rodríguez afirma que
“cuidar de los hijos, atender sus necesidades y estar atentos a lo que les pasa o a quiénes son sus amigos no es sobreprotegerlos. Impedirles experiencias propias de su edad, sí”.
Quizá el miedo, la inseguridad, la falta de confianza o cómo hayamos sido educados nosotros mismos, hace que eduquemos a los niños privándoles de autonomía. Resulta difícil no acudir ante un llanto, dejar que ayuden en la cocina, dejarles que tomen sus propias decisiones ante varias alternativas… Pero, ¿por qué? Pues por el exceso de información negativa en los medios “y ante eso, se tiende a educarlos aislados y controlados en casa, frente al ordenador”, con la tablet o vídeos en el móvil de los padres mientras estos cenan en un restaurante: “Siéntate aquí y no te vayas que te voy a poner un vídeo de dibujos animados, ¿vale?”. Y así los padres cenan tranquilos porque su niño o niña está al lado, tomando una “sobredosis de estímulos”.
En una entrevista a Juan Antonio Bayona, director de películas como El orfanato y Lo imposible, o Un monstruo viene a verme, le preguntaron por los traumas que había sufrido de niño para meternos en estas tragedias (haciendo referencia a sus películas). La respuesta fue: “tuve una infancia muy normal. Fui parte de esa generación superprotegida: la primera de la democracia. Quizá por eso pienso
que es muy duro el trance de hacerse mayor, porque los cambios que acaban con esa plácida rutina se viven de una manera muy intensa”. Quizá Juan Antonio se dio cuenta de que su percepción no coincidía con la realidad. Entonces, ¿cómo tenemos que actuar? Los expertos aconsejan que evitemos el “tendrías que haber hecho esto o aquello” y los sustituyamos por recursos o consejos. Los niños aprenden a partir de la experiencia y, por eso, tenemos que dejar que se equivoquen, porque del error se aprende. Rodríguez afirma que los padres tienen que ser conscientes de que los hijos tienen una existencia propia, original y personal.
“Cuidar es dejar crecer, aceptar los cambios; es un acto de comprensión del otro”.
Además, comenta que una sobreprotección convierte una relación favorecedora en otra de menor calidad. Ahora, ¿cuidas o sobreproteges?
| [+/-] |
Que hacer para corregir y ayudar a niños desobedientes |
La desobediencia muchas veces es parte del proceso de crecimiento de los niños, que pasan por fases en que desafían y experimentan. Algunas veces, estos conflictos son demasiado frecuentes y generan problemas en la relación entre padres e hijos. Es entonces cuando hay que consultar al psicólogo, y la terapia suele ser conveniente antes de que las relaciones entre padres e hijos degeneren.
La desobediencia se puede deber a muy diferentes causas: estrés escolar, conflictos entre los padres, divorcio, celos, dificultades en habilidades sociales, problemas con el profesor, retraso del lenguaje, trastornos del sueño, TDAH, hiperactividad, problemas de lectoescritura; incluso a respuestas irracionales del niño.
Los motivos pueden ser múltiples y a veces difíciles de ver por parte de los que rodean al niño. Pero si este estado se prolonga en el tiempo, los niños se pueden sentir infelices con ellos mismos, reducir su autoestima y bajar notablemente su rendimiento académico.
Es importante valorar dónde y a quién desobedece el niño, porque muchas veces esto es un claro indicador para ver los conflictos y poder darles solución de manera más eficaz. Por ejemplo, hay niños que en casa mantienen una actitud desafiante y desobedecen continuamente a los padres, pero cuando van al colegio respetan y obedecen sin problemas.
1.- Identificar a un niño desobediente es el primer paso para solucionar el problema, además es importante detectar cuando esta actitud puede suponer un problema a la larga es el primer paso para corregir a un pequeño que no obedece.
2.- Poner normas que sean claras a aquellos niños desobedientes, además de dejar también muy claro las consecuencias de ese comportamiento.
3.- Establecer límites de esta forma fijas una barrera entre lo que se debe hacer y lo que no.
4.- Motivar al niño desobediente, frente a estos comportamientos es fundamental mostrar actitudes colaborativas y motivadoras. Darán mejor resultado que conductas agresivas.
5.-Dejar que se tranquilice, si están con un berrinche es mejor esperar a que pase este momento y no entrar en una conformación directa.
6.-No intentar razonar cuando desobedece, es una estrategia para confundirnos y salirse con la suya.
7.-No caer en sus provocaciones, y en su La intención del niño desobediente es distraernos en intentar crear nuevos conflictos.
8.-Intentar no perder los nervios frente a los desafío. Una buena técnica es colocarse a la altura del niño, para que haya un contacto visual directo.
9.-Recurrir a las rutinas, tener un horario estable es esencial para corregir a un niño desobediente.
10.-Premiar los buenos comportamientos, los refuerzos positivos motivan a los niños desobedientes y son fundamentales para que el niño repita comportamientos deseados.
| [+/-] |
Qué es Empatía |
La empatía es la intención de comprender los sentimientos y emociones, intentando experimentar de forma objetiva y racional lo que siente otro individuo. La palabra empatía es de origen griego “empátheia” que significa “emocionado”.
La empatía hace que las personas se ayuden entre sí. Está estrechamente relacionada con el altruismo - el amor y preocupación por los demás - y la capacidad de ayudar. Cuando un individuo consigue sentir el dolor o el sufrimiento de los demás poniéndose en su lugar, despierta el deseo de ayudar y actuar siguiendo los principios morales.
La capacidad de ponerse en el lugar del otro, que se desarrolla a través de la empatía, ayuda a comprender mejor el comportamiento en determinadas circunstancias y la forma como el otro toma las decisiones. La persona empática se caracteriza por tener afinidades e identificarse con otra persona. Es saber escuchar a los demás, entender sus problemas y emociones. Cuando alguien dice "hubo una empatía inmediata entre nosotros", quiere decir que hubo una gran conexión, una identificación inmediata.
La empatía es lo opuesto de antipatía ya que el contacto con la otra persona genera placer, alegría y satisfacción. La empatía es una actitud positiva que permite establecer relaciones saludables, generando una mejor convivencia entre los individuos.
Empatía como valor
La empatía puede ser vista como un valor positivo que permite a un individuo relacionarse con las demás personas con facilidad, y agrado, siendo importante el relacionamiento con los otros para mantener un equilibrio en su estado emocional de vida.
Por otro lado, la empatía permite a una persona comprender, ayudar y motivar a otra que atraviesa por un mal momento, logrando una mayor colaboración y entendimiento entre los individuos que constituyen una sociedad.
Empatía y asertividad
En primer lugar, la asertividad es expresar en el momento propicio, y de manera apropiada las ideas y sensaciones tanto positivas como negativas en relación a una situación.
Por lo tanto, la empatía y asertividad son habilidades de la comunicación que permiten una mejor adaptación social, a pesar de que ambas habilidades presentan diferencias.
El individuo asertivo defiende sus propias convicciones, en cambio el individuo empático entiende las convicciones de las demás personas. A pesar de ello, se debe de respetar y tolerar todas las ideas que surgen en la discusión con respecto a una situación determinada.
Empatía y simpatía
Como tal, la simpatía es un sentimiento de afinidad que atrae e identifica a las personas. Conlleva a un individuo generar armonía y alianza con otro. Específicamente es cuando alguien cae bien, que se siente estar bien con ella por su forma de ser o sentir.
Por su parte, la empatía, como ya fue dicha anteriormente, es la comprensión que siente una persona por otra en una determinada situación.
No obstante, una persona puede sentir simpatía y empatía a la vez por otra.
| [+/-] |
Los 7 tipos de compañeros de trabajo más nocivos para tu salud y para tu vida |
La fauna que se puede encontrar en el ecosistema laboral es muy amplia y variada. Existen diversas tipologías de empleados relacionadas con una mayor pérdida de productividad y potencialmente dañinos para la atmósfera laboral entre el resto de compañeros. A menudo, debemos trabajar en grupo con ellos, por lo que saber identificarlos de antemano nos permitirá tomar una serie de precauciones previas para aminorar su influencia negativa.
Algunos de los compañeros de trabajo más “tóxicos” para el ambiente laboral, son los típicos “criticones”, los “trepas” o los “cabezones”, pero por desgracia, la lista no se limita solo a ellos. Estas son algunas de las personalidades de los compañeros de trabajo más incómodos para los demás.
Victimistas
“En España nos quejamos más que hacemos”, se suele oír a menudo. Y es que según insiste la psicología laboral, existen verdaderos profesionales del victimismo. Seguro que todos hemos caído alguna vez en estas actitudes. Todo lo que nos rodea es negativo, todo se mueve en nuestra contra, y resulta que nosotros no tenemos absolutamente ninguna responsabilidad en lo que está sucediendo, somos inocentes. Sin embargo, lo que verdaderamente distingue al victimista es que nunca hace nada para cambiar la realidad y se limita a buscar que los demás empaticen con él por la cruz que les ha tocado llevar.
Cabreados crónicos
Si día tras día te cruzas con un compañero de trabajo que no te devuelve el saludo, entonces ten claro que estás ante un cabreado crónico. Se destacan por no mantener relaciones con los demás, dar la sensación de estar muy ocupados desde el primer momento en el que pisan la oficina, no brindar nunca una sonrisa y alardear de sus malas formas.
Menos habituales que los victimistas, pero igualmente presentes en todo tipo de empresas, estos compañeros de trabajo dejan de ser tóxicos para los demás cuando nos resignamos a asumir que su negativa actitud es consustancial a su forma de ser. De este modo, podremos relativizar su malhumor y crear una cortina de humo para que no contagie negativamente el clima laboral.
Desganados
Nunca duermen bien, siempre les duele la cabeza y, lo que es peor, siempre se sienten molestos cuando se requiere de su ayuda, sin importar que sea el jefe o sus compañeros. Su estado anímico es una constante entre el sufrimiento por las pocas ganas de enfrentarse al trabajo diario y la frialdad. La desgana es una de las actitudes más contagiosas y que pueden convertirse en un pernicioso freno para el trabajo en grupo. Al fin y al cabo, los desganados suelen privilegiar sus propios intereses ante los del resto del grupo o de la empresa en general.
Manipuladores
Suelen ser los más inteligentes, a la par que peligrosos. El Príncipe de Maquiavelo es su libro de cabecera y su capacidad para engañar a los demás en beneficio propio, utilizando siempre para ello medias verdades, no conoce límites. El resto de compañeros de trabajo solo son un medio para alcanzar sus objetivos particulares. Carecen de escrúpulos y con tal de ascender no dudan en traicionar a quien sea. Son expertos en el arte de seducir y la oratoria es su fuerte. Ante este tipo de compañeros de trabajo solo nos queda detectar su presencia, intentar conocerlos cada vez mejor y practicar nuestras habilidades para no dejarnos influir.
Criticones
Son un clásico en cualquier tipo de empresa. No importa la cuestión sobre la que se debata ni los argumentos empleados, ellos siempre estarán ahí para criticar y exagerar la parte negativa de todo, creyéndose además que son dueños de la verdad absoluta. Se destacan por ser unos eternos insatisfechos, nada les vale ni les hace felices, por lo que suelen rebajar el optimismo y el positivismo de quienes los rodean.
Una de sus máximas es sacar a relucir los defectos de los demás, aunque generalmente cuando no están presentes. Una estrategia de desprestigio de los compañeros que, según los psicólogos, utilizan en realidad para camuflar su falta de seguridad en sí mismos y en la tarea que desempeñan.
Trepas
Su individualismo y competitividad no tiene límites. Siempre están atentos para adueñarse de los méritos de los demás a ojos de sus superiores. Nunca dejan pasar por delante una buena oportunidad, aunque para ello tenga pisotear a los compañeros, de quienes suelen informar sobre sus errores y debilidades para dar la sensación a los jefes de que son mucho mejores que los demás.
Su capacidad para estar siempre al lado de quien más les conviene es muy alta, y siempre están ahí para lo que el jefe necesite, sin ningún tipo de miramiento hacia quien puedan perjudicar por ello. En definitiva, son unos maestros a la hora de echar la culpa a los demás y sacar el mayor rédito posible de los errores ajenos.
Cotillas
Son los encargados de hacer circular los rumores sobre la vida personal de los demás. Aunque no tengan demasiados detalles sobre lo que cuentan, suelen rellenar los vacíos con informaciones inventadas. Cuando obtienen algún chisme sobre los demás, corren a contarlo al primero que se encuentren por delante de manera casi impulsiva.
A la larga acaban contribuyendo a generar distintos bandos dentro de la empresa, para poder sentirse respaldados a la hora de criticar a los compañeros del otro “grupillo”. El ambiente laboral que generan es tremendamente negativo para el funcionamiento general de la empresa, pues generar un clima de desconfianza mutuo muy dañino.
| [+/-] |
8 Pautas para enseñar a los niños/as a llevar a cabo sus decisiones |
Decidir es difícil, el proceso de toma de decisiones es complicado. Pero ¿qué ocurre cuando sabemos lo que queremos y no ejecutamos la decisión? Es muy importante enseñar a los niños/as a decidir y a conocer que es lo que nos frena en nuestras decisiones para liberarnos de los frenos y ser libres para llevar a cabo la elección
Emoción y Decisión
La toma de decisiones es uno de los procesos más complicados a los que se enfrentan las personas. Recientes investigaciones demuestran que en el proceso de toma de decisiones, están implicadas las emociones. Tomamos la decisión de forma inconsciente antes de que llegue a nuestro consciente, esto es efectivo cuando necesitamos una rápida elección. Pero las emociones tienen un papel decisivo en la toma de decisiones y van a guiar nuestra elección final.
A veces sabemos lo que queremos, nuestra mente lo tiene claro, pero retardamos el momento de decidir, paralizados por nuestras emociones. La incertidumbre sobre el resultado de la decisión, nos provoca sensaciones de miedo, angustia, frustración, etc. Y estas emociones son las que nos crean la duda y nos paralizan, permaneciendo en un estado de malestar, sin tomar ninguna decisión.
Tomar una decisión
En la vida son múltiples las opciones y las decisiones a las que tenemos que enfrentarnos diariamente. Algunas de estas elecciones serán triviales, y otras serán importantes. La dificultad en la toma de decisiones es que no sabemos con seguridad lo que va a ocurrir. Tomar una mala decisión sin sopesar las consecuencias o no llegar a decantarse por ninguna elección puede acarrear malestar emocional y llevarnos a situaciones indeseadas. Es por ello fundamental enseñar a los pequeños a tomar decisiones, a elegir libremente. Ser los responsables de su propia vida y los protagonistas de la misma.
Educar en la toma de decisiones debería ser un elemento clave en la crianza de los niños y niñas. De este modo serán adultos felices y capaces de tomar las riendas de su vida, sin miedos.
Ideas que paralizan la toma de decisiones.
Las emociones vienen determinadas por lo que pensamos. Hay determinados pensamientos o ideas que nos crean emociones como el miedo o la frustración, que nos paralizan, conocer ese tipo de pensamientos es importante para cambiarlo por otros.
- Y si me equivoco. Es mejor equivocarse y aprender que no hacer nada, o mantenernos en una situación que nos genera malestar.
- No sé cuál es la decisión correcta o no sé qué es lo que quiero. Ninguna decisión es correcta o incorrecta, son diferentes alternativas. La única elección acertada es aquella que aunque nos cueste nos hace sentir bien y nos lleva al bienestar. La única decisión correcta es la que nos lleva al bienestar y se basa en la sinceridad con uno mismo, apoyándose en un equilibrio entre pensamiento, emoción y las alternativas.
- Los demás desaprobarán mi decisión. El único dueño de su vida es uno mismo, no debemos elegir por lo que vayan a pensar u opinar los demás.
8 Pautas para educar a los niños y niñas para que lleven a cabo sus decisiones
- Haz que el niño/a interprete las elecciones con ideas realistas que le permitan no experimentar emociones negativas.
- Libérale de las emociones que le paralizan, como el miedo. De este modo le proporcionaras la libertad para decidir.
- Trata de no influenciar en sus decisiones. Es mejor que decidan por sí mismos, aunque se equivoquen, y pierdan el miedo a errar.
- Enséñale a realizar un análisis interno de búsqueda: lo que creo que quiero, que alternativas tengo, que pienso acerca de las alternativas y los medios para lograrlo, que emoción me provocan estos pensamientos y QUÉ ES LO QUE REALMENTE QUIERO. Lo que siento, y lo que pienso es la base que determina lo que quiero.
- Ayudarle a imaginar lo que ocurrirá en un futuro cuando haya seleccionado alguna opción, le ayudara a perder el miedo a las consecuencias.
- Crea situaciones cotidianas en las que tenga que decidir sobre cosas sin importancia. De esta forma le entrenamos en el hábito, es bueno que las dos alternativas sean buenas (por ejemplo: “que quieres de postre helado o natillas”, “tienes que hacer los deberes hoy ¿Cuándo quieres hacerlos ahora o más tarde?”
- Enséñale también algún proceso de toma de decisiones, en el que se haga un análisis de las diferentes alternativas y ayúdale a que cumpla con la decisión tomada.
- Edúcales para ser sinceros consigo mismos. Enséñales que solo ellos son los que pueden saber qué es lo que quieren.
| [+/-] |
10 errores comunes que cometemos los padres de hoy en día |
La educación de los hijos provoca muchas inseguridades y no pocas angustias a muchos padres. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Debería haberle castigado? ¿Me habré pasado de duro? ¿Seré demasiado blando? ¿Cómo logro que me obedezca? Psicólogos y pedagogos explican que quizá restaría presión a los progenitores modificar sus expectativas: en lugar de aspirar a hacerlo todo bien, plantearse no hacerlo mal y, sobre todo, evitar los errores más dañinos a la hora de educar. Con la ayuda de Javier Urra –pedagogo, doctor en Psicología y Enfermería, y durante años Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid–, de Victòria Gómez –orientadora familiar y vocal del Col·legi de Pedagogs de Catalunya–, y de Julio Fernández Díez –psicólogo escolar, catedrático de orientación educativa y autor de Errores en la educación de los hijos (Pirámide)– hemos identificado los 12 errores que se consideran más comunes y perjudiciales a la hora de educar a los hijos. Son estos:
1. Disparidad entre los padres La falta de unidad de criterio entre las figuras de autoridad es uno de los grandes lastres para educar. De entrada, porque si el niño recibe mensajes contradictorios, si sus progenitores se desautorizan entre ellos, no sabe a quién hacer caso y se siente perdido, sin referencias claras. Y porque a medida que crecen aprenden a utilizar esas discrepancias o diferencias de criterio para hacer lo que quieren. “Siempre es mejor equivocarse juntos que acertar por separado”, resume Victòria Gómez, para quien frases tan populares como “pregúntaselo a tu padre” o “lo que diga tu madre” son un error. “Cuando piden algo y no se tiene un criterio claro o único, lo mejor es decirles ‘ya lo hablaremos y te daremos la respuesta’, para que vean que la familia es un bloque”, apunta.
2. Sobreproteger Aseguran los educadores que éste es uno de los errores más frecuentes en la sociedad actual. Los padres asumen muchas tareas de los hijos, estudian con ellos, les disculpan ante el profesor, intervienen antes de verles sufrir las consecuencias de una mala decisión, les dicen constantemente lo que han de hacer, organizan toda la vida familiar a su alrededor, les evitan disgustos… “Esta sobreprotección resulta muy perniciosa porque hace ciudadanos dependientes y a veces muy tiránicos, porque crecen pensando que el mundo gira a su alrededor, que son los reyes de la casa, no uno más de la familia”, advierte Javier Urra. La sobreprotección provoca personas inseguras, incapaces de tomar decisiones y de enfrentar las dificultades y contratiempos diarios, que no saben asumir las consecuencias de sus actos y con problemas de autoestima. Julio Fernández asegura que la sobreprotección es un error clásico a la hora de educar porque estamos preparados genéticamente para proteger la prole, como hacen otros animales con sus crías. “La infancia en la especie humana es muy larga, y para criar a un niño durante tantos años en medio de la sabana había que sobreproteger mucho; pero esa sobreprotección comenzó a resultar excesiva cuando la vida cotidiana se hizo menos peligrosa, y de ello dan cuenta historias como la de la Bella Durmiente o la del Príncipe Siddharta; lo que ha cambiado es que esa obsesión de los padres por salvaguardar a su hijo de todo mal que se atribuía y criticaba a príncipes y personajes de alta alcurnia hoy se ha generalizado a toda la población, y de ahí el actual síndrome del emperador”, explica.
3. Transmitir desprecio Frases como “ya sabía que lo ibas a romper”, “eres idiota”, “pareces tonto”, “no vales para nada”, “siempre me defraudas” o “no sé para que te he tenido” resultan muy dañinas para los hijos. Gómez enfatiza que no hay que faltar al respeto a los hijos ni ponerse a su altura cuando se enfadan: “Los padres no deben perder los papeles, han de controlar su actitud por mucho que el hijo les provoque; hay que estar por encima de ellos y no comportarse como un crío o como un adolescente, y perdonar con facilidad, no entrar en guerras del tipo ‘como él no me habla yo tampoco’”.
4. Falta de continuidad Los expertos advierten que un fallo habitual de los padres es dejarse llevar por su estado de ánimo a la hora de educar, de modo que permiten o no determinadas conductas en función de que estén más o menos cansados, contentos o enfadados. “Hay que tener conciencia de que estamos educando siempre, no en momentos concretos”, señala Gómez. Julio Fernández subraya que, ante los hijos, los padres son la autoridad, de forma que no deberían comportarse de forma arbitraria sino ecuánime y racional.
5. Castigar mal Poner sanciones desproporcionadas o sin lógica, imponer castigos imposibles, hacer promesas inalcanzables o que no se cumplen son errores muy habituales y muy nocivos a la hora de educar. Si los castigos no se aplican por imposibles o por dejadez, los padres pierden autoridad y transmiten la idea de que sus normas pueden quebrantarse fácilmente. “Es mejor ser moderado en el castigo y llevarlo a la práctica, y en lugar de castigar al adolescente sin salir todo un mes o exigirle que estudie cinco horas diarias, limitarle a una hora la conexión a las redes sociales o a la videoconsola”, ejemplifica Fernández.
6. Prometer y no cumplir Los educadores también alertan contra las promesas o premios inalcanzables, que además de decepcionar acaban desincentivando. “A veces prometemos comprarles el móvil o la bici si sacan buenas notas, y esa es una condición muy ambigua, de modo que quizá el chaval se esfuerza pero al final le decimos que no, que los notables no cuentan, que se esperaban de él sobresalientes, o que aunque sus notas son buenas no tendrá el premio porque se ha portado mal con su hermano, y el niño se frustra y deja de trabajar”, explica Julio Fernández. Y añade que en muchos casos se amplía aún más el error cuando luego, en un momento de arrepentimiento, esos mismos padres (o los abuelos), le acaban comprando el móvil o la bici sin haber conseguido el reto propuesto.
7. Comparar entre hermanos Todos los padres saben que cada hijo es diferente. Sin embargo, a la hora de educarlos no siempre los tratan de forma diferente. Lo habitual es lo contrario, que se esfuercen en tratarlos por igual y que, a menudo, los comparen. Pero, advierten los expertos, cada hijo requiere una educación distinta, un trato individualizado y que le dediquen un tiempo a solas, entre otras razones para poder conocerle y saber cómo hay que tratarle. “Las comparaciones continuadas entre hermanos suscitan celos, envidias y dañan”, alerta Javier Urra.
8. No poner límites Los expertos explican que muchas veces los padres no tienen un proyecto claro de cómo van a educar a sus hijos, cuáles son las normas mínimas que van a exigir, y van improvisando, de modo que no siempre son coherentes en sus criterios. “Mientras son pequeños trampeamos los problemas que van planteando, y en la adolescencia se pierde el control, se les quiere poner normas, y entonces ya es tarde”, comenta Victòria Gómez. Julio Fernández subraya que muchos padres priorizan la paz familiar por encima de todo y eluden su obligación de poner límites porque eso lleva en ocasiones al conflicto.
9. Ser amigos de los hijos Los psicólogos advierten que los padres son la figura de autoridad para el hijo y es un error tratar de ser amigos suyos en lugar de ejercer de padres. También desestiman los estilos educativos muy permisivos o aquellos que lo negocian todo. “El estilo democrático está bien para algunas cosas, como para decidir dónde se va de vacaciones, pero se ha magnificado y hay cosas que no se negocian, como el horario de estudio, el ir con cinturón en el coche o comportarse bien el supermercado, ahí ha de ser el padre el que ejerza la autoridad”, reflexiona Fernández. En su opinión, este tipo de errores se han extendido de la mano de lo que denomina “leyendas urbanas sobre educación”, informaciones del ámbito de la psicología que en un momento dado tuvieron vigencia y luego se demostró que no son ciertas pero continúan en la imaginación colectiva, como que no hay que castigar para no traumatizar, que hay que potenciar al máximo la autoestima o que Einstein era mal alumno a pesar de su inteligencia, ejemplifica.
10. Malos ejemplos “Los padres no pueden pedir al hijo que se controle o que no pegue si lo que le transmiten es que de vez en cuando a ellos ‘se les cruzan los cables’, insultan al del coche de al lado, o están siempre criticando; tampoco pueden exigirle que termine lo que empieza o que cumpla las normas si ellos no lo hacen”, dicen los expertos. La incongruencia entre lo que se dice y se hace “resulta muy negativa, quita fuerza moral y deslegitima”, apunta Urra.
11. Negatividad El que fuera Defensor del Menor de Madrid cree que es un grave error no transmitir a los hijos ilusiones, dilemas vitales y amplitud de miras. Advierte que cuando los padres son muy depresivos o negativos y los hijos crecen oyendo todo el día críticas sobre los demás y escuchando que no hay que fiarse de nadie, que los otros son dañinos, “eso repercute en su carácter, que acaba siendo despótico, lastimero, paranoico u ofensivo”.
12. Hacerlos mayores antes de tiempo Un error muy actual de los padres es acortar la infancia de sus hijos, hacerles mayores antes de tiempo. “Se detecta en la forma de vestirlos, en dejarles ponerse un piercing o adoptar comportamientos de adulto desde muy pequeños, en encontrar divertido y alentar que tengan novias o novios, en permitir que con 14 años tengan horarios de fiesta intempestivos…”, indica Fernández. Y subraya que el contrasentido es que a ese mismo chaval al que se deja salir de noche, se le prepara el desayuno y se le tramita la matrícula del instituto. “Por un lado les hacemos muy mayores, y por otro no les dejamos crecer, no les damos responsabilidades propias de su edad”, concluye.
| [+/-] |
El Bullying también lo fomentan los padres con su mal ejemplo. |
El Bullying también lo fomentan los padres con su mal ejemplo.
El Bullying, sin querer o queriendo, puede empezar a fomentarse desde la tranquilidad del hogar, con esos comentarios mordaces, despectivos, injuriosos, etc. que los padres hacen delante de los hijos, sobre las personas que son diferentes a su grupo étnico, social o intelectual.
Esos comentarios suelen fomentar en los hijos la xenofobia, el racismo, la intolerancia, el abuso de fuerza, la discriminación, la aporofobia (miedo a la pobreza), la burla por el físico o imagen, etc., de eso, solamente hay un pequeño paso para desencadenar el chispazo del crimen del bullying.
Critican o consienten que los hijos hablen despectiva o negativamente, sobre diferencias en los sistemas de educación entre escuelas públicas, colegios privados y homeschooling, lo que crea un sentido de rechazo a los no iguales, que algunas veces termina fomentando el bullying.
Los padres no deben hablar con total naturalidad delante de sus hijos, sobre las cosas que nos les gustan de otros, o de situaciones contrarias a sus intereses económicos, sociales o educacionales, demonizando a todos los que no son iguales.
14 Ocasiones en las que los padres pueden sembrar la semilla del bullying:
- Cuando critican a las víctimas del bullying al decir “Algo habrán hecho”. “No saben ni defenderse”
- Cuando critican a los que son pacíficos y no quieren meterse en peleas, animando a los promotores del bullying: “Son unos cobardes, dejan que todo el mundo haga lo que quiera, no imponen su autoridad”.
- Cuando critican a todo lo que sea inclusión, flexibilidad, generosidad, comprensión, caridad, respeto, etc.
- Cuando critican aseverando que todos hacen todo mal, y nosotros lo hacemos todo bien.
- Cuando critican con expresiones faciales o lenguaje corporal, indicando el disgusto de estar con alguien, que no les cae bien.
- Cuando critican continuadamente a los políticos elegidos democráticamente, aunque los que critican, no hayan ejercido el derecho al voto.
- Cuando critican a los profesores que castigan a los responsables que ejercieron el Bullying.
- Cuando critican los videos comprados o los programa de TV, que no contengan explícitamente acciones violentas, contra las personas más débiles o indefensas.
- Cuando critican despiadadamente a otros familiares o amigos comunes, en relación con sus gastos o ingresos, situación económica, problemas familiares, etc.
- Cuando critican de forma hiriente o ridiculizadora, los artículos de opinión, noticias o personas en los medios de comunicación, etc.
- Cuando critican perversamente, atentando contra la autoestima y dignidad de otras personas, en frases como: “No valen para nada”. “Por mucho que se esfuercen no lo van a conseguir”. “No vale la pena, ni que lo intenten”. “No son capaces”. “Por su culpa, nosotros estamos así”.
- Cuando critican negativamente todo lo que sucede, expresando intolerancia hacia lo diferente o ignorado.
- Cuando critican sobre colectivos diferentes a ellos, por su Fe, raza, etnia, color, situación económica, cultural, salud, presencia, etc.
- Cuando critican sobre todo lo que se oye o ve en la televisión, en determinados programas, sin ejercer el derecho de cambiar el canal.
Algunos padres no quieren o no saben darse cuenta, que ellos tienen que ser para sus hijos los modelos de virtudes, y que tienen que educarlos con sus conocimientos y prácticas de las virtudes y valores humanos. Deben examinar sus propias conductas y lo que se les enseña, considerando cómo afectan a los más pequeños, los comentarios violentos que realizan incluso dentro del hogar.
Los padres deben comprender que sus comentarios, hechos o actitudes despectivas o agresivas, tienen consecuencias directas sobre el comportamiento de los hijos. Tienen que darse cuenta que están enseñando a sus hijos a abusar, fomentando o consintiendo, que sus hijos en la escuela o en la calle hagan bullying.
El efecto desolador que produce, el hacer comentarios tras comentarios de otras personas diferentes, se quejan, dan opiniones sobre todo y sobre todos. Lanzan condena tras condena contra otras personas, que son distintas a ellos. Incluso sugieren que si tuvieran el poder, actuarían de manera violenta con otras personas diferentes.
En el mismo hogar empieza la siembra de la semilla del odio, pues cuando los hijos llegan a tener poder, en grupo o en solitario, contra otra persona diferente, se le viene el recuerdo de las injurias que sus padres han dicho, sobre determinadas personas. Casi siempre indefensas o en minoría.
| [+/-] |
18 Conceptos para escuchar bien a los hijos |
18 Conceptos para escuchar bien a los hijos
Cuántas discusiones se podrían ahorrar si antes de regañar a los hijos y exaltarse ante sus errores, primero se les dedicara unos minutos a escucharlos a saber lo que sienten, lo que piensan, los que les atemoriza, lo que les alegra, lo que les preocupa, lo que les pasa…
Escuchar a los hijos es uno de los mejores actos que podemos hacer por su formación integral; para lograrlo Francisco Gras -autor citado anteriormente y colaborador de LaFamilia.info-, proporciona las siguientes pautas para hacer de la escucha una maravillosa herramienta educativa en el desarrollo de los hijos:
1. Comunicar a los hijos que los padres, a todas horas y bajo cualquier circunstancia, siempre quieren y están dispuestos a escucharles y de forma muy positiva, para que se produzca un verdadero intercambio de sentimientos y no de interrogatorios o monosílabos, que la mayoría de las veces quieren decir, “déjame en paz y cállate”.
2. Hacerles participes en los temas familiares, de las alegrías, penas, discusiones, objetivos, planes, presupuestos, situación económica, etc. Esto les acostumbrará a ir dando sus opiniones, a ser cada vez más abiertos a darlas, y a los padres a tener que escucharles por haberles preguntado.
3. Demostrarles confianza al pedirles su opinión, y si es conveniente delegarles responsabilidades y decisiones, procedentes de sus opiniones.
4. Contarles cómo nos sentimos ante determinadas situaciones, en las que ellos estén implicados o no, para que vean que no es difícil expresar los sentimientos, opiniones, alegrías, cansancios y dificultades y que se adquiere una gran paz interior, cuando se comparten las cosas a su debido tiempo, circunstancias y personas.
5. Hablarles de que todos queremos ser escuchados, pero sin tener que ser juzgados y sentenciados continuamente, por nuestros actos u opiniones. Si los hijos tienen bien claro, que les vamos a escuchar sin juzgar, seguramente estarán más dispuestos a hablar, que a quedarse callados. Los padres deben fomentar estas situaciones, para escucharles con mucha atención. Es muy bueno empezar desde pequeños, con temas a su alcance mental, para crear costumbre.
6. Ponerles más atención cuando hay algún problema grave, que pueda ser por un mal comportamiento de los hijos, por un problema de los padres o de la familia en conjunto. Hay que escucharles muy atentamente, lo que quieren decir y cómo lo quieren decir.
7. No retrasarse en preguntar lo que haya que preguntar, aunque no quiera escuchar lo que supuestamente va a escuchar. Es preferible ser un padre que escucha, aunque duela, a ser un padre que ignora.
8. Exija escuchar las explicaciones que los hijos deban darle, quieran o no quieran, les guste o no les guste hacerlo. La autoridad paternal en materia familiar, moral y social, no debe ser disminuida, excluida, anulada ni abolida bajo ningún concepto y mucho menos, en función de lo que los padres tienen y deben escuchar.
9. Escuchen los cónyuges a los hijos, por separado o unidos, con la misma línea de amor y de exigencia hacia ellos, principalmente en las normas transcendentales de obligado cumplimiento personal, familiar, moral y social.
10. Escuchen bien a los hijos, pero tengan mucho cuidado, si les tienden la trampa de “divide y vencerás” o si ya conocen los puntos flacos de cada uno de los cónyuges, y siempre se dirigen hacia el más débil, para conseguir lo que con el otro cónyuge, no conseguirían. Si fuera necesario, escuchen como hacen los policías, haciendo uno de bueno y otro de malo, pero siempre unidos, por el bien de los hijos.
11. No tengan miedo de escuchar a sus hijos lo que tengan que decirles, pues como padres, tienen que estar a las duras y a las maduras. No hay nada entre padres e hijos, que con buena voluntad no pueda solucionarse. Las causas de los miedos y sus efectos devastadores, suelen ser productos de las dudas, justificadas o no. Pero los miedos la mayoría de las veces desaparecen, cuando se saben los verdaderos motivos que los han causado.
12. Dialogar con el lenguaje del silencio, suele ser muy efectivo. Muchas veces es necesario escuchar, sin hablar, ni una sola palabra, dejando paso a que los hijos se expliquen o desahoguen, sin interrumpirles en lo más mínimo. No se preocupen si los hijos empiezan con un monólogo, poco a poco irán abriéndose cada vez más, al pedir ellos mismos respuestas a sus preguntas.
13. Tengan en cuenta que las palabras dichas de más, enredan las que se han dicho justas, y las dichas de menos, confunden con lo que falta por decir.
14. Olvídense del orgullo equivocado, que no sirve nada más, que para crear o mantener enconos, pues los oídos de los padres, se han hecho para entender con amor y son la puerta de los grandes abrazos.
15. Tienen que aprender a perder un poco para ganar un mucho, aunque nada más oiga medias respuestas.
16. El secreto de saber escuchar bien, sirve para saber hablar bien.
17. Por muy amargo que sea el tener que escuchar, la clase de veneno que han elegido para suicidarse, poco a poco o muy deprisa, siempre se les podrá dar soluciones u opciones, para salir de los infiernos que producen determinadas adicciones.
18. Si el tema que escuchan requiere una respuesta inmediata, y si esta es muy grave o difícil, no duden en pedir un aplazamiento para estudiarla, consultarla y armarla antes de decirla. Si la dicen con precipitación, a lo peor ya no tiene remedio y se convierten en “esclavos de sus palabras y no, en dueños de sus silencios”.
| [+/-] |
CÓMO ACTUAR CON EL NIÑO/NIÑA DESOBEDIENTE |
6 Consejos para ayudarte con los niños y niñas desobedientes.
Los niños y niñas necesitan saber lo que pueden y no pueden hacer. Esto les aporta seguridad. Están aprendiendo como deben comportarse y en determinados momentos no saben cuáles son las conductas y actitudes adecuadas.
Por ejemplo, cuando el pequeño se enfada y pega a otros niños: le diremos claramente “no se pega” y le ofreceremos otra alternativa, para que sepa lo que tiene que hacer “si estas enfadado por algo se lo dices a tu amiguito, le dices lo que quieres o te gustaría”.
- Establece Normas claras, sencillas y consensuadas.
Las normas deben ser claras, sencillas y consensuadas por todos. Las normas no deben ser vistas como una imposición, sino como unas reglas que todos debemos cumplir para una convivencia tranquila y feliz. Por ello debemos establecer las normas entre todos. Estas normas también deben ser claras y sencillas, es decir si algo no se puede hacer, no se puede hacer nunca, una norma que a veces es obligatoria y otras veces no lo es, lleva a que los pequeños no la comprendan y piensen que se la pueden saltar.
- Refuerza el buen comportamiento.
No solo debemos prestar atención a los niños y niñas cuando nos desobedezcan o se porten mal, si hacemos esto, ellos llamarán nuestra atención con estas conductas.
Es importante señalarles lo que hacen bien, decirles lo contentos que estamos cuando han obedecido y prestarles atención.
- Flexibilidad y autoridad democrática.
En importante que los pequeños comprendan el sentido de las reglas, para ello están no deben ser vistas como una imposición porque si. Para ello dialoga con ellos, escúchales y llega a acuerdos. A veces es bueno ceder en algo, les damos capacidad de elección.
Por ejemplo si quiere elegir la ropa que quiere ponerse le dejamos, si quiere elegir la comida o la hora de irse a dormir no le dejamos hacerlo.
- Cuando la norma no se cumpla y el niño o niña desobedezca, actúa rápida e inmediatamente.
No entres en discusiones y peleas, simplemente no permitas que se salga con la suya. Por ejemplo: Le pedimos al niño que apague la tele y vaya a su cuarto a dormir, se niega a hacerlo. Simplemente apagamos la tele y le llevamos a su cuarto. Si llora o se queja, no entramos con él en una discusión o pelea, le decimos que es lo que hay que hacer, le tratamos con cariño y atención, pero no entramos en la lucha.
Debemos intentar que el pequeño se calme. El castigo sólo hará que se enfade más y que nos desespere más a nosotros. Usaremos entonces el tiempo fuera, le llevamos a un lugar agradable para pensar, donde se sienta a gusto y le facilite de esta forma la relajación. Si se niega, seremos nosotros los que nos vayamos a otro lugar, haciendo el tiempo fuera, le damos ejemplo y nos calmamos también.
- Dale Cariño, y se comprensivo.
Debemos comprender la edad y etapa por la que pasan los pequeños, ser conscientes de que están formando su identidad.
No desesperar y entenderles, a fin de cuentas los adultos somos nosotros.
| [+/-] |
Doce consejos para ser ecológicos en la naturaleza |
Comportarse de forma ecológica en un espacio natural contribuye a su conservación presente y futura . Si se va de vacaciones a un entorno natural, o simplemente se incluye este destino en una visita ocasional, es conveniente seguir unos consejos para disfrutar de sus posibilidades de manera ecológica y poder conservarlo de aquí en adelante. En este artículo se dan una docena de recomendaciones, entre ellas, desplazarse de manera sostenible, comer de forma ecológica, tratar las basuras de forma adecuada o no provocar fuegos.
1. Desplazarse de manera sostenible
Para desplazarse hasta el espacio natural elegido, lo idóneo sería utilizar el transporte público. Si no queda más remedio que usar el vehículo privado, al menos compartirlo con otros usuarios y conducir de forma eficiente. Ya en plena naturaleza, lo más ecológico y sano es ir a pie o en bicicleta y evitar vehículos todoterreno, motos o quads que, además de erosionar el suelo, emiten un molesto ruido que afecta al entorno.
2. Respetar las indicaciones y las normas del espacio natural
Los espacios naturales protegidos suelen contar con señalizaciones y normas de uso que hay que respetar para evitar dañarlos. Conviene leerlos con atención y, si es posible, informarse antes de sus particularidades, como en la Guía de Parques Naturales, Nacionales y Reservas de la Biosfera de EROSKI CONSUMER. Por ejemplo, la entrada a algunos de estos espacios está restringida a unos pocos usuarios que tienen que registrarse con anterioridad.
3. Comer de forma ecológica
Si se va a pasar todo el día, una cesta de mimbre o una mochila son perfectos compañeros. La comida se puede llevar en tarteras o envases específicos reutilizables (nunca de usar y tirar ni con un empaquetado excesivo) y la bebida en termos o bidones de aluminio. Las botellas o las bolsas de plástico tienen un gran impacto ambiental si se abandonan en la naturaleza y, por ello, hay que evitarlos. Aunque el vidrio se puede reciclar, en la naturaleza no es la mejor opción porque puede ser un elemento cortante y provocar un incendio.
4. Tratar las basuras de forma adecuada
La basura producida durante la jornada se debe tratar de forma adecuada. Algunos espacios naturales cuentan con contenedores, pero si no hay o se duda sobre su posterior reciclaje, los residuos generados se deben conservar hasta poder reciclarlos de forma conveniente. Algunos, como las pilas, pueden ser muy tóxicos para el medio ambiente. Por ello, también hay que guardarlos para su posterior tratamiento.
5. Utilizar el agua y la energía con moderación
El agua es un recurso cada vez más escaso, y en la naturaleza lo es aún más. No dejar grifos abiertos de fuentes, usar solo lo necesario y evitar que jabones o champús acaben en ríos, lagos o mares y los contaminen son algunas medidas indispensables. De la misma manera, los consejos para ahorrar energía deben también aplicarse.
6. No provocar fuegos
Grandes desastres como los incendios forestales se pueden generar por una colilla mal apagada o una barbacoa. Si es posible, se recomienda no fumar o, al menos, preocuparse de que colillas y cenizas no lleguen al entorno; también hacer fuegos solo en espacios habilitados para ello y hacer caso a las indicaciones. En épocas de riesgo de incendio se prohíbe hacer fuego incluso en estos lugares.
7. No molestar a las especies ni alterar el entorno
Los ecosistemas y las especies que habitan en ellos viven en un delicado equilibrio que puede romperse por cualquier pequeña alteración, sobre todo en el caso de las especies amenazadas. Es aconsejable, por tanto, no tocar los nidos de las aves, no ofrecer comida que pueda sentar mal a los animales, no gritar ni introducir elementos de contaminación acústica como música o vehículos ruidosos, no llevarse nada "como recuerdo", etc. En resumen, dejar todo como estaba.
8. No introducir especies invasoras
Las especies invasoras causan graves daños medioambientales y económicos. En algunas ocasiones se han introducido por descuido o desconocimiento de sus consecuencias. Nunca hay que llevar una especie de un lugar a otro distinto.
9. Evitar el tráfico ilegal de especies protegidas
El contrabando de especies (en especial en España, por donde se estima que circula el 30% de todo el mercado mundial), además de ser un delito, pone en riesgo a muchos seres vivos en situación delicada. Así ocurre cuando se adquiere una especie exótica, ya sea viva o como souvenir con partes de la misma, como corales o colgantes de marfil.
10. Denunciar conductas antiecológicas y catástrofes ambientales
Si se observa alguna actividad que ponga en peligro la naturaleza, como vertidos ilegales, uso de cebos con veneno, contrabando de especies, incendios forestales, etc., se debe denunciar. Marcar el teléfono de Emergencias, el 112, o el del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona), el 062, son dos buenas maneras de hacerlo.
11. Practicar el turismo ecológico
El turismo ecológico ofrece una estancia agradable y en armonía con el entorno. Las posibilidades son diversas, desde el senderismo hasta el "birdwatching" u observación de las aves en su hábitat natural. La oferta de hoteles ecológicos todavía es pequeña en España, pero se pueden encontrar algunos con encanto.
12. Ir como voluntario ambiental
Diversas asociaciones ecologistas e instituciones ofrecen programas de voluntariado medioambiental, para sensibilizar al resto de ciudadanos o ayudar a conservar y recuperar espacios naturales que no reciben a menudo suficientes recursos.
| [+/-] |
¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD? |
¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD?
Educar es ayudar a la persona a alcanzar la capacidad de ser independiente, de valerse por sí misma, de tomar decisiones, de hacer uso de la libertad desde el conocimiento de sus posibilidades, y esto no se improvisa: es un proceso largo y costoso, que se inicia en la familia y tiene su continuidad en la escuela y otros ambientes sociales.
La responsabilidad es la capacidad de asumir las consecuencias de las acciones y decisiones buscando el bien propio junto al de los demás.
Los niños deben aprender a aceptar las consecuencias de lo que hacen, piensan o deciden. Nadie nace responsable. La responsabilidad se va adquiriendo, por imitación del adulto y por la aprobación social, que le sirve de refuerzo.
El niño siente satisfacción cuando actúa responsablemente y recibe aprobación social, que a su vez favorece su autoestima.
Educar en la responsabilidad no es tarea fácil. Se consigue solo mediante el esfuerzo diario de padres y educadores, pero la recompensa de grande: educar adultos responsables.
No es fácil saber qué se puede exigir a un niño o hasta dónde es capaz de actuar de un modo responsable y adecuado a su edad pero, teniendo en cuenta las distintas etapas de su desarrollo, podemos señalar los siguientes niveles de capacidad:
Entre dos y tres años
Puede hacer algunas tareas bajo el control del adulto. Todavía no comprende lo que hace bien o mal y obra de acuerdo a mandatos y prohibiciones porque no posee autocontrol. Colabora con el adulto en ordenar y guardar sus zapatillas, su pijama, regar las flores y hacer algunas tareas concretas como poner y recoger las servilletas, etc.
Entre tres y cuatro años
Observa la conducta del adulto y la imita. Actúa en función del premio o el castigo. Ya va siendo capaz de controlarse y de tener orden en sus cosas. Colabora en guardar juguetes y los debe recoger. Puede poner algunas cosas fáciles en la mesa como el plato y los cubiertos, etc. Se desnuda solo y se viste con ayuda. Aprende a compartir las cosas y a esperar su turno. Muestra interés creciente por jugar con otros niños.
Entre cuatro y cinco años
Sigue observando e imitando al adulto. Necesita que le guíen pero tiene deseos de agradar y servir y por eso suele tener iniciativas responsables como vestirse, recoger sus juguetes, controlarse en un espectáculo, etc. Ya puede dársele alguna responsabilidad: poner la mesa, ocuparse de algún recado dentro del entorno familiar. Puede cuidar a hermanos pequeños durante algún rato, estando un adulto cerca. Debe dejar ordenados los objetos que usa. Es bastante autónomo en la comida y en su cuidado personal se calza, se lava y va al baño solo. Acepta los turnos en el juego, aunque no siempre los respeta. Suele asociarse con dos o tres niños para jugar y entabla las primeras amistades.
Entre cinco y seis años
Ya ha aprendido bastantes conductas y, aunque necesita que la persona adulta le diga lo que debe o no debe hacer, conviene presentarle dos opciones, para que elija. Puede ser responsable de tareas domésticas sencillas: limpiar el polvo, recoger la mesa, preparar su ropa para vestirse, buscar lo que necesita para una actividad concreta. No hay que olvidar que el niño sigue imitando y que es exigente en la aplicación de la norma para todos. Le agrada ayudar y cumplir encargos y recados sin cruzar la calle o pasar por lugares peligrosos. Juega en grupos de tres o más y sigue reglas sencillas. Intenta ser autónomo y puede rebelarse frente a las presiones de los adultos en asuntos como disciplina, autoridad y normas sociales. A partir de los cinco años comienza a despertar la intencionalidad, asimila algunas normas y se comporta de acuerdo con ellas.
Entre seis y siete años
Con control y ayuda para evitar descuidos involuntarios, puede y debe prepararse los materiales para realizar una actividad. Comienza a ser capaz de controlarse en desplazamientos muy conocidos y próximos tales como el colegio, la casa de amigos que vivan en el mismo bloque de viviendas, casa de algunos familiares, etc.
Puede disponer de algún dinero semanal y aprender a administrarlo, sabiendo que, si lo gasta, deberá esperar a la semana siguiente para recibir una nueva paga. Todavía se guía por las normas y hábitos del adulto: identifica el bien con lo mandado y el mal con la prohibido o lo que enfada al adulto. Cumple las órdenes al pie de la letra, generalmente hasta los ocho años. Puede controlar sus gastos con más facilidad. Tiende a formar grupos de relación con compañeros del mismo sexo. Aprende costumbres sociales relacionadas con el saludo, la despedida, el agradecimiento, etc. Actúa de forma responsable si se le ofrecen oportunidades para ello. Tiene el deseo de ser bueno y, si no lo es, culpa a los demás o a las circunstancias porque no soporta que le consideren malo.
Va adquiriendo la noción de justicia y comprende las normas morales mediante ejemplos concretos.
A los ocho años
Comienza a adquirir autonomía personal y puede controlar sus impulsos, en función de sus intenciones. Es capaz de organizarse en la distribución del tiempo, del dinero y de los juegos. Todavía precisa alguna supervisión. Pueden dársele responsabilidades diarias: preparar el desayuno, bañarse, acudir solo al colegio, etc.
Empieza a distinguir la voluntad del adulto de la norma y es consecuente en su conducta. Sabe cuándo y cómo debe obrar en situaciones habituales de su vida. La actuación de las personas adultas es decisiva, dado que si persiste una presión autoritaria el niño se hace dependiente, sumiso y falto de iniciativa. Si, por el contrario, se obra de forma permisiva, el niño se convertirá en una persona caprichosa e irresponsable. Así pues, se hace imprescindible una actitud que favorezca la iniciativa y mantenga la exigencia. Le atrae el juego colectivo y coopera en grupo.
Es capaz de prever las consecuencias de sus actos.
Entre nueve y once años
Ya es bastante autónomo en sus intenciones y, por lo tanto, en su responsabilidad. Suele tener una organización propia para sus materiales, ropas, ahorros... Puede encargarse de alguna tarea doméstica y debe realizarla con responsabilidad y cierta corrección. Le gusta que se le recompense por la tarea que se le encomienda.
Aunque aparezcan rasgos de dependencia, le gusta tomar decisiones y oponerse al adulto con cierta rigidez. Es capaz de elegir con criterios personales. Se hace estricto, exigente y riguroso.
Se identifica con su grupo de amigos en el que cada uno tiene una función asignada y se acata lo que dicta el jefe de la pandilla.
Reconoce lo que hace mal, pero siempre busca excusas, aunque para los demás suele ser muy estricto. Le gusta que le dejen decidir por sí mismo y tiene necesidad de afianzar su yo frente a los demás, de ahí su resistencia a obedecer y su afán de mandar a otros niños menores. Conoce sus posibilidades, decide y reflexiona antes de obrar, aprende de las consecuencias y se siente atraído por los valores morales de justicia, igualdad, sinceridad, bondad, etc.
Entre once y doce años
La influencia de los amigos comienza a ser decisiva y su conducta estará influenciada en gran parte por el comportamiento que observa en sus amigos y amigas o compañeros de clase. Los hermanos y hermanas mayores tienen más influencia sobre ellos que los padres. Aparece una etapa en la que la crítica suele ser muy frecuente y dirigida hacia sus padres y profesores; no le gusta que le traten de un modo autoritario, como a un niño; reclama autonomía en todas sus decisiones.
Necesita tener amigos y depositar en ellos su confianza; es leal al grupo y su moral es la de sus iguales, a los que imita en la forma de vestir, en los juegos, las aficiones, etc. Quiere ser como los mayores. Tiene sentido de responsabilidad, trata de cumplir sus obligaciones y se hace más flexible en sus juicios. Su comportamiento es mejor fuera del entorno familiar. Tiene capacidad para valorar lo bueno o malo de sus acciones, puede pensar en las consecuencias, conoce con bastante objetividad sus intenciones y desea obrar por propia iniciativa, aunque se equivoque.
La responsabilidad se adquiere y desarrolla progresivamente, por etapas. El desarrollo de la capacidad de actuar de forma responsable depende de cada persona y del contexto o ambiente que la rodea (familia, escuela, barrio, etc). Por todo ello, existen ritmos distintos en cada persona. Así pues, será difícil encontrar niños y niñas que, con los mismos años, manifiesten el mismo grado de responsabilidad: cada niño o niña desarrolla más unos aspectos y otros menos. Por lo tanto, estas fases que hemos descrito no deben entenderse de forma estricta o cerrada sino como una referencia.
| [+/-] |
Recursos para aprender a conjugar verbos.. |
![]() |
| Para ver más grande, pincha encima... |
Juegos, aplicaciones para móviles y conjugadores automáticos son recursos útiles para que los niños aprendan a conjugar verbos
Aprender a conjugar verbos es como aprender las tablas de multiplicar. Requiere tiempo y práctica. Los verbos son la base del lenguaje oral y escrito. Nunca se dejan de utilizar y, por ello, hay que estudiarlos de manera correcta. Para conseguirlo, además del aprendizaje en las aulas, los estudiantes pueden reforzar en casa el dominio verbal. Juegos, aplicaciones para móvil y conjugadores automáticos de verbos ayudan en esta tarea.
Juegos y blogs para aprender a conjugar verbos
Aprender jugando es una manera divertida de aprender, ya que se adquieren conocimientos casi sin pensarlo y los niños no lo interpretan como una obligación. Cuando se trata de aprender a conjugar verbos, las propuestas son variadas. Los juegos, en este caso, pueden emplearse en casa como sistema de autoevaluación.
Pasapalabra. Este juego imita a un conocido programa de televisión del mismo nombre. En un rosco donde figuran todas las letras del abecedario, los jugadores han de clicar en la pestaña "PasaPalabra" y responder a la pregunta planteada. Con cada letra, se pregunta por una forma verbal y un verbo que comienza con esa inicial. Si el alumno se equivoca, puede probar de nuevo hasta acertar.
Los verbos. Se combinan varios modos de practicar la conjugación de verbos. El primero de ellos pide a los jugadores que destaquen cuál es el verbo en diferentes enunciados; el segundo propone un verbo conjugado y los niños han de seleccionar la conjugación y el tiempo verbal adecuados, siempre en modo indicativo; el tercero añade al anterior los modos subjuntivos, imperativo y formas no personales; y en el cuarto hay que señalar de nuevo todos los verbos, en este caso, de un texto.
Sopa de letras. Como cualquier otro juego similar, en este caso, hay que encontrar varias formas verbales y resaltarlas mientras se arrastra el ratón sobre cada palabra.
La conjugación regular. En varios niveles, los jugadores han de completar los huecos vacíos de frases con las conjugaciones adecuadas tanto en sus formas simples (infinitivo, participio y gerundio) como compuestas. Se repite esta técnica con las tres conjugaciones y los resultados e intentos de cada ejercicio se recogen en una ficha.
Formas verbales. Esta propuesta se plantea como un crucigrama en el que los jugadores han de escribir el verbo en la persona, número y tiempos del indicativo solicitados. Si no se conoce la respuesta, se puede pasar al siguiente verbo y regresar al anterior en cualquier momento.
Conjugación verbal. Este juego requiere agrupar los verbos según un mismo criterio, que coincide con un mismo tiempo verbal.
Los blogs educativos recopilan información de interés para los alumnos. En su mayoría, están desarrollados por profesores, que publican material de interés y muy útil para que los alumnos repasen lo aprendido en el aula y resuelvan dudas.
Gurelekua. De manera sencilla, se explican los diferentes aspectos en los que fijarse para conjugar un verbo, la importancia de la persona, las diferencias entre formas perfectas e imperfectas, los tiempos, los modos indicativo, subjuntivo e imperativo, los verbos regulares e irregulares y la voz activa y pasiva.
Aplicaciones de móvil para conjugar verbos
Las apps educativas son cada vez más numerosas. Su accesibilidad tanto en smartphones como en tabletas, así como la familiaridad de los estudiantes con estos dispositivos, facilita que se desarrollen aplicaciones para las tareas más frecuentes. Es así como se ha creado también software educativo para móvil con el fin de aprender a conjugar verbos y otro más pensado para estudiantes de español o turistas.
VerbForms. Esta app, disponible para iPhone, iPod touch e iPad, contiene hasta 7.000 verbos, permite crear listas, realizar ejercicios y almacenar los fallos cometidos para repasarlos. Si se quiere repasar un verbo o conjugación concretos, es posible programar los ejercicios para insistir en los aspectos de interés. Distingue las formas regulares y los cambios ortográficos, además de contener acceso a diccionarios on line para resolver dudas.
Conjugador de verbos. Esta aplicación para móviles Android es gratuita. Conjuga verbos regulares, irregulares y reflexivos, según las normas de la Real Academia Española. Enseña a conjugar y técnicas para recordar los verbos.
Spanish verbs. Esta enfocada para los estudiantes de español. Es gratuita y su función es "navegar y buscar las conjugaciones de los verbos españoles más comunes". Para utilizarla, no es necesario estar conectado a la Red y tiene una sección de gramática.
Conjugadores de verbos automáticos
Este recurso es útil para conocer la conjugación completa de un verbo. Son útiles para resolver cualquier duda, ya que basta teclear el verbo que se quiere conocer y, de manera automática, aparecen en pantalla todas las formas verbales.
Real Academia Española. Cuando se busca el significado de un verbo en la web, a la izquierda del nombre se destaca siempre una pestaña azul con la palabra "conjugar". Si se clica, se despliega el listado completo del verbo conjugado, en las formas no personales, indicativo, subjuntivo e imperativo.
Onoma. Este conjugador tiene el mismo funcionamiento que el anterior. Basta teclear el verbo en el buscador. No obstante, en este caso, no siempre conjuga el verbo que se solicita, sino que ofrece como alternativa un verbo que se conjuga igual.
La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes recopila un listado de conjugadores automáticos para ayudar en la tarea de localizar el que mejor se adapte a los intereses de cada persona.













